Covid-19: La caldera

Autor: Mario

mariolorena40historias@gmail.com 

Pasar de estar con varias mujeres distintas a la semana a no estar con ninguna es muy difícil de asimilar, pero la situación actual ha llevado a esto y hay que aceptarlo.

Aunque la tentación aparece un día sí y otro también.

Me llamo Rafa, tengo 35 años y soy bombero de profesión. Estoy soltero y sin compromiso. Me encanta mi trabajo y me encanta conocer mujeres nuevas. Tengo abierto perfil en varias páginas de contactos donde todos los días entablo conversación con chicas con edades, tipos, gustos y condición muy variadas. Mi cuerpo trabajado en el gimnasio, mi altura y la belleza que dicen que tengo hace que sea relativamente fácil tener contactos nuevos constantemente.

Para una primera cita no pongo reparos por la edad o por el físico. Tampoco me importa si están casadas o solteras. Quedo si creo que lo voy a pasar bien, incluso aunque el plan sea solo conocernos tomando un café.

Me divierte tremendamente conocer nuevas personas. Cada una busca cosas diferentes, cada una habla de cosas distintas, cada una tiene su propia vida… Pero todas quieren algo en mí. Tal vez solo charlar y desahogarse, quizás una pequeña aventura o puede que necesiten una buena sesión de sexo duro. Hay de todo y poder disfrutar de esa variedad me encanta.

Para una segunda cita ya la cosa cambia, y mucho. Solo repito con las personas con las que siento que ha habido alguna conexión. Puede ser porque nos hayamos caído bien, porque me parezca una persona interesante o divertida, o porque sea capaz de hacérmelo pasar en grande en la cama.

Tal vez esté enganchado a esta forma de vida, como si fuera una droga, y por eso creo que lo he pasado tan mal en este confinamiento… Hasta que me lo he saltado.

A pesar de la situación, han sido varias las mujeres que me han pedido quedar. Algunas en su casa, otras decían que venían a la mía… También me propusieron quedar en su trabajo o incluso en algún aparcamiento… Por lo que puedo comprobar sigue habiendo mujeres con muchas ganas, con la libido muy alta o simplemente que necesitan desconectar.

Pero a todas he dicho que no. La situación pedía que nos quedáramos en casa y, como mucho, nos divirtiéramos virtualmente. 

Hasta que Bek (Rebeca) me convenció.

A Bek la conozco desde hace más de tres años. Habremos quedado ocho o nueve veces y siempre nos hemos divertido mucho. La última vez fue a finales del verano pasado. Es una morenaza cincuentona muy simpática que está como una cabra, jeje. Me río mucho con sus ocurrencias y en la cama es un verdadero huracán. Si tengo que ponerla un pego es que cuando se pone muy cachonda no para de hablar y decir burradas, jeje.

Hace unos días se puso en contacto conmigo después de unos meses sin saber prácticamente nada de ella. Me dijo que está viviendo con una tía suya que está muy mayor. Sus primos, que viven fuera, le pagan un dinerillo y, según ella, así no está en casa. Aunque sigue casada y viviendo con su marido, su matrimonio acabó hace mucho tiempo. 

Primero nos pusimos al día y luego empezamos a tontear un poco. Me habló de que tiene un amante desde hace unos meses. A pesar de que es de Valencia se ven con cierta frecuencia porque él viene mucho a Madrid por trabajo. Bueno, venía. Según me contó, su amigo es aficionado a ir a locales liberales por lo que en esta última etapa de su vida ha tenido varias experiencias con otras parejas y ha practicado varios tríos con chica y con chico.

Empezamos a fantasear en qué pasaría si nos volviéramos a ver. Empezó a montarse una película tras otra y nos fuimos calentando. Ella pedía una pizza y yo era el repartidor que se la llevaba a casa. Me convencía para entrar y acabábamos follando de diferentes maneras y en diferentes sitios de la casa. Luego que casualmente nos encontrábamos yendo a por el pan y nos metíamos entre unos arbustos de un parque a follar como locos. O que íbamos su amante, ella y yo a un local liberal y nos los montábamos los tres. Con tanta historia picante acabamos viendo como nos corríamos mutuamente. 

Al día siguiente me mandó un largo mensaje explicándome todo lo que tenía que hacer para que fuera a su casa y pasáramos un buen rato. Estaba deseando verme muchísimo, me dijo.

Mi moral puso muchas pegas pero al final vencieron las ganas de marcha de mi entrepierna. Acepté.

A la hora acordada me presenté en su casa. 

El plan era hacerme pasar por el técnico de la caldera. Me puse ropa de trabajo y llamé a su puerta con la caja de herramientas en la mano. Por supuesto iba provisto de guantes, mascarillas y un bote de gel hidroalcohólico.

– Buenos días, le estaba esperando – me dijo como si no me conociera de nada – pase por aquí, por favor.

woman wearing blue and white dress sitting on white ceramic batthub
Photo by Ferdinand Studio on Pexels.com

Llevaba puesto un vestido muy ligero de generoso escote. Pude comprobar al primer vistazo que no llevaba sujetador. Y claro, supuse que tampoco llevaría bragas.

Entramos a la cocina y metida en su papel comenzó a explicarme por qué no funcionaba la caldera.

– Estás tremenda con ese vestido – susurré.

– ¡Uy! – se hizo la ofendida – es usted un poco descarado, ¿no cree?

– La avería de la caldera tiene fácil arreglo – dije sonriendo bajo la mascarilla – Lo que le pasa a usted… eso ya es diferente.

Se notaba que Bek estaba aguantando la risa.

– La avería que tengo yo es que llevo sin follar dos meses. Y para solucionar ese problema solo necesito una buena polla que me de caña – me susurró al oído – ¿Usted tiene polla, señor?

– Una bien grande y con muchas ganas de fiesta porque lleva mucho tiempo sin entrar en ningún sitio.

– Si consigue arreglarme la caldera le dejo que intente arreglarme a mi – dijo retándome antes de darse media vuelta dejándome en la cocina solo.  

Me puse a mirar la caldera como si realmente le pasara algo. Me quedé pensativo. Venía con la idea de que sería entrar y ponernos a follar como locos… pero parecía que Bek quería ir a otro ritmo. 

Al rato vino con un escucha bebés en la mano. Entró, cerró la puerta y dejó el cacharro sobre la encimera. De él salía el sonido característico de un programa televisivo de cotilleo.

– Mi tía está viendo la tele. No se va a levantar, pero si necesita algo con esto la podré oír – me explicó – ¿Una cervecita?

En cuanto se giró para abrir la puerta de la nevera la cogí por detrás y apreté mi cuerpo contra el suyo.

– Creo que no quieres una cerveza, ¿verdad? – me dijo riendo.

Se giró, me miró fijamente durante un instante y sin decir nada se agachó. Me desabrochó el pantalón y lo dejó caer. Como no llevaba nada debajo mi polla dura saltó como un resorte hacia ella. Bek se bajó la mascarilla, me la agarró por la base y se la metió en la boca.

Como siempre, empezó a chuparme muy lentamente saboreándola con mucho cuidado. Al momento ya estaba completamente dura. Su lengua jugaba con mi capullo, la recorría entera hasta la base y volvía a subir. Se la tragaba entera dos o tres veces y volvía a empezar.

Era solo el principio y ya sentía que quería explotar. Se notaba que llevaba mucho tiempo sin estar con una mujer de carne y hueso.

Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo mientras su boca seguía tragando mi polla, cada vez con más ganas. Mis glúteos, mis abdominales, mis cuádriceps… Bek es pura sabiduría y buen hacer.

– ¡Qué pollón más rico tienes! – me dijo mientras se levantaba y volvía a salir de la cocina.

Otra vez me quedé solo, ahora con los pantalones en los tobillos y oyendo una lejana conversación que venía del salón y del altavoz del escucha bebés. Cuando me agaché para subirme los pantalones Bek apareció por la puerta.

– Me he dejado el móvil en el salón, perdona – se excusó.

Y sin decir nada más se volvió a poner de rodillas, me la agarró de nuevo y se la metió en la boca con ganas, metiéndosela y sacándosela una y otra vez.

El placer que sentía era enorme. Estaba pensando en que si seguía un poco más me iba a correr cuando de repente paró, se puso la mascarilla y cogió su móvil. Para mi sorpresa se puso a hacerse selfies mientras con una mano agarraba con fuerza mi miembro. 

La interrumpí cogiéndola de las axilas y la puse de pie. Después la levanté el vestido, la cogí de las piernas y la senté en la encimera. Acerté, no llevaba bragas. Su preciosa entrepierna depilada, húmeda y brillante quedó ante mis ojos. Para mi sorpresa vi que llevaba puesto un plug anal, del que solo se podía ver la parte exterior, decorada con un corazón rojo brillante.

Me bajé la mascarilla y me lancé a comérselo. En cuanto empecé a recorrer sus labios de arriba a abajo Bek comenzó a soltar los primeros jadeos y a retorcerse de gusto. Me agarró la cabeza como pidiéndome que continuara, apretándome hacia ella, y se puso a hacer nuevas fotos. El sonido que hacía el móvil al hacer cada foto la delataba, pero no me importaba. En la postura que estaba no se me podía ver la cara por lo que seguí batiendo su clítoris con mi lengua una y otra vez.

Cambié un poco de posición para poder meterle un par de dedos mientras seguía con el cunnilingus.

– ¡Qué bien lo haces cabronazo! – soltó de repente con la voz entrecortada – no pares que me corro… No pares…

Las jadeos de Bek se convirtieron en pequeños gritos de placer y su cuerpo comenzó a convulsionar y a retorcerse. Entonces saqué los dedos y me puse a jugar con su plug durante un rato. Lo apretaba, lo sacaba un poco y lo volvía a meter… 

– ¡Joder, fóllame ya! – me suplicó entre jadeos mientras buscaba de nuevo su móvil.

Me separé un poco, la introduje de nuevo los dedos y comencé a meterlos y sacarlos con fuerza. Al rato los saqué y con toda la mano me puse a frotar su clítoris con energía. Bek cogió el móvil y se puso a grabar su entrepierna como podía. Yo volví a introducirla mis dedos, moviéndolos rápidamente, haciendo que se retorciera de gusto y soltara un gemido tras otro. A la segunda vez que me puse a frotar su clítoris soltó un abundante squirt mientras tenía un espasmo tras otro.

Ayudé a Bek a bajar de la encimera con cuidado y nos fundimos en un abrazo.

– ¡Qué placer más grande! – me dijo suspirando – cuántas ganas tenía de sentir algo caliente dentro de mí…

– Pues esto no ha hecho nada más que empezar – le dije yo.

– Por supuesto cariño – me dijo sonriente – pero déjame que mande unas fotos y el vídeo del squirt a mi amigo Andrés.

– ¿En serio?

– Sí, me ha pedido que le mande fotos, vídeos y que le vaya contando lo que vamos haciendo – dijo como si nada.

Se giró y se puso a escribir con el móvil apoyada con los antebrazos en la encimera mientras movía el culo de forma sugerente.

– ¿A qué estás esperando guapo? 

Me coloqué un preservativo, levanté el vestido dejando al aire su maravilloso culo maduro y apunté a su coño. Me introducí en ella con decisión hasta el final. La agarré fuerte de las caderas y empecé a bombear.

– Eso es, ¡dame caña cabrón! – dijo mientras intentaba escribir algo en el móvil – ¡cuántas ganas tenía de sentir algo caliente dentro de mi!

– Pásame el móvil – le dije sin parar mis envites – si tu amigo quiere saber lo que estás haciendo… vamos a mostrárselo.

Me puse a grabar el culo de Bek con mi polla entrando y saliendo con ganas. El choque de los cuerpos sonaba tras cada empujón junto a los gemidos de placer de ella que iban al ritmo del movimiento de mis caderas.

Conocedor de los gustos de mi amante, cuando noté que iba a correrme se lo hice saber. Me separé y me quité el condón con la mano que tenía libre mientras Bek se giraba y se agachaba. Puse mi polla a la altura de su boca, la agarró con ganas y se la metió en la boca poseída de deseo, sacándola y metiéndola sin parar.

Unos segundos después me vacié totalmente entre espasmos y gemidos sin dejar de grabar. 

Como siempre Bek me dejó bien limpito. Se colocó la mascarilla y abrió la puerta de la nevera mientras yo me subía el pantalón. 

– Andrés se va a hacer una buena paja con el vídeo – me dijo picarona – Ahora sí que quieres una cerveza, ¿verdad cariño? 

Tomamos una cerveza y unas aceitunas mientras Bek me iba leyendo los mensajes que se iba intercambiando con su amigo Andrés. Se les veía con mucha complicidad y se notaba que había mucho deseo entre ellos. Y sí, por supuesto, había disfrutado mucho con las fotos y los vídeos que le habíamos mandado. 

Después de charlar un buen rato Andrés convenció a Bek para hacer una vídeollamada. Nos presentamos y me dio las gracias por haber accedido a grabar los vídeos. 

La conversación se fue animando y unos minutos después nos encontrábamos los dos desnudos tumbados en el suelo de la cocina sobre una mullida colchoneta de gimnasia metiéndonos mano.

Andrés nos veía desde el otro lado del teléfono. Nos animaba e iba haciendo comentarios sobre lo que veía.

– Mira tu regalito, cariño – dijo Bek al móvil mientras movía el culo mostrando lo que salía de su ano – ¿quieres que me lo quite?

– Estoy deseando ver cómo te follan el culo, putita mía – se oyó en el teléfono.

– Mmmmm… tus deseos son órdenes mi amor…

Bek se incorporó, cogió el móvil y me lo dio con la cámara hacia ella. Puso su culo a escasos centímetros de la pantalla y se sacó lentamente el juguete de su ano. A continuación se puso de cuclillas sobre mi, me puso un condón y apuntó mi polla al agujero recién abierto. Lentamente fue dejándose caer introduciendo mi miembro hasta la base.

– ¿Lo has visto bien Andrés?

La cámara mostraba perfectamente a Bek sentada en cuclillas sobre mí, con las piernas abiertas, su sexo abierto y mi polla entrando y saliendo en su ano lentamente.

– Mmmmm… Me encantaría tenerte aquí para chupártela mientras me follo a Rafa – dijo Bek a la cámara.

– Síiiiiii… Y a mi me encantaría poder meterla en ese agujero que tienes libre – se oyó en el teléfono.

Mi amazona paró un momento, estiró su brazo para abrir un cajón y sacó de él un gran consolador envuelto en un pañuelo de colores.

– Esta es tu polla, guapo – le dijo a Andrés – y empezó a chuparlo provocativamente mirando a cámara a la vez que comenzaba suavemente a moverse sobre mí, subiendo y bajando sus caderas mientras me apretaba con el culo. 

Bek se acariciaba las tetas, se tocaba el clítoris y todo sin dejar de moverse. No paraba de hablar con Andrés, que le animaba desde el otro lado del teléfono. Por lo que decían, él debía estar mostrando cómo se estaba masturbando viéndonos follar.

– Ahora vas a follarme ¿a que sí? – dijo de forma muy sugerente y picarona.

Se echó un poco hacia atrás y comenzó a frotar su clítoris con su consolador. Pareció olvidarse del teléfono. Echó la cabeza hacia atrás, se puso a balancear sus caderas y a gemir como loca. Unos segundos después noté una vibración en mi polla. Bek se había metido el consolador en su coño y lo metía y sacaba con ganas. En seguida consiguió sincronizar el sube y baja de sus caderas con el mete y saca de su juguetito.

Hasta que paró y se echó sobre la cámara y sobre mí. Los jadeos subieron de intensidad y se puso a frotarse más fuerte contra mí. En seguida su cuerpo empezó a temblar entre gritos y gemidos de placer. Los espasmos producidos por su nuevo orgasmo apretaron más aún mi polla que seguía aprisionada dentro de ella, hasta que no pudo más y se dejó caer sobre mí con la respiración y el corazón acelerado.

Cuando se recuperó un poco, Bek se colocó a cuatro patas sobre la colchoneta, dejando el móvil apoyado en el suelo con la cámara apuntando hacia su cuerpo desde un lateral.

– Cariño, esto aún no ha acabado – le dijo al teléfono.

– Diosssssss… ¡Cómo me gustaría estar allíiiiii…! – le respondió Andrés.

Me acerqué a su culo, la agarré por la cintura y al momento mi polla estaba de nuevo en el interior del ano de Bek. La metí y la saqué varias veces lentamente. Con una de mis manos me puse a acariciar sus pechos y con la otra su empapado clítoris suavemente. Así estuve un rato hasta que mi amante se puso a balancear sus caderas pidiendo más velocidad.

La volví a agarrar de las caderas con fuerza y poco a poco fue acelerando la penetración.

– ¡Dale, dale…! – jaleaba Andrés con su polla en la mano mientras Bek gemía sin parar.

– Este hijo puta me va a reventar… – consiguió decir mi amante con la voz entrecortada – ¡no pares cabronazo!

Los golpes de nuestros cuerpos eran cada vez más fuertes y los gritos y gemidos más intensos. Unas embestidas más y llegué al orgasmo llenando el condón dentro del culo de Bek.

Nos quedamos tumbados sobre la colchoneta intentando recuperar el aliento a la vez que Andrés aplaudía y sonreía encantado por el espectáculo que le habíamos brindado.

-Rebeca, hija – se oyó una voz tenue por el altavoz del escucha bebés – ¿ya está arreglada la caldera?

5 comentarios sobre “Covid-19: La caldera

    1. Muyyy esenciales!!! …. ahora que lo pienso!! yo he follado con un bombero!!! que bueno… jajajajaj no lo había pensado. Voy a tener que hacer lista por profesiones, a ver las que me quedan pendientes. Mmm que buena idea!!

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