La fantasía de Manuela

Autora: Lorena Luna

mariolorena40historias@gmail.com

En otoño del año pasado recibimos un email de una pareja que nos decía lo mucho que le gustaban nuestros relatos y que gracias a ellos habían pasado varios buenos momentos juntos.

Intercambiamos varios emails y nos pasamos nuestros nombres en Line. Hicimos un grupo los cuatro donde poníamos los enlaces de relatos eróticos que nos gustaban y los comentábamos.

Eran una pareja madrileña algo más joven que nosotros, aunque no mucho. Se llamaban Manuela y Javier.

Después de una semanas sin escribir nada mandaron un mensaje.

“Hola pareja ¿qué tal estáis?”

“Estamos bien ¿y vosotros?”

Por primera vez mantuvimos una conversación larga entre los cuatro. Se animaron a mandarnos una foto suya y les respondimos con una nuestra. Poco a poco la conversación se fue calentando pero, como no era buen momento para todos, quedamos para chatear los cuatro esa misma noche, cuando los niños estuvieran acostados.

Al poco de comenzar a chatear la temperatura se disparó muy rápido. Todo comenzó por una foto que nos mandó Manuela de un tatuaje que tenía en su costado derecho. Era una golondrina que parecía que quería salir volando. En una segunda fotografía se veían más cosas: el tatuaje, medio culo y parte de un pecho. Los comentarios de unos y otros eran cada vez más animados y cachondos. En la siguiente foto se la veía de cuerpo entero completamente desnuda. Eso sí, sin que se le viera la cara.

Mientras iban apareciendo en la pantalla fotos de unos y otros nos pusimos a hablar de juguetes eróticos. Yo les mandé una foto de mi fabuloso conejito vibrador a lo que respondió Manuela con la foto de un consolador que tenía unos apéndices vibradores para el clítoris.

Los chicos nos pidieron que les contáramos qué hacíamos con esos juguetitos aunque lo sabían perfectamente, jeje. Tanto Manuela como yo empezamos a explicar cómo nos masturbamos con ellos, qué nos imaginamos mientras lo hacemos, etc. Todo en un tono muy provocador.

En mitad de la conversación Mario se metió debajo de las sábanas a comérmelo mientras yo acababa de explicar cuándo me gustaba más usar mi conejito vibrador.

Dejé un momento la conversación para concentrarme en el placer que me estaba dando la lengua de marido. Mmm, ¡¡¡qué gusto!!!! ¡¡Qué placer más grande!!

Estaba cerca de llegar al orgasmo cuando Mario paró y asomó la cabeza entre mis piernas.

– ¿Han puesto algo más?

– Joder, ¡no pares!

Mientras Mario volvió a juguetear con mi empapado clítoris cogí el móvil y aluciné con lo que vi. Nos habían mandado dos vídeos de unos diez segundos cada uno. En el primero se veía el consolador de Manuela adentrándose en el interior de Manuela entre espasmos de ella.

– Puff, ¡¡lo que ha mandado ésta!!

Mario quiso incorporarse para ver el vídeo pero no le dejé.

– Tú sigue cariño, luego te lo enseño – dije entre risas.

Abrí el otro vídeo retorciéndome de placer por lo que me estaba haciendo sentir Mario ahí abajo. La imagen era un poco oscura, pero podía verse la boca de Manuela chupando la polla de Javier y dándole grandes lametazos.

Entre la lengua de mi marido, y el imaginar lo que estaban haciendo en ese momento nuestros nuevos amigos, mi cuerpo empezó a estremecerse, a convulsionarse y a dejarme satisfecha de placer.

Mario se incorporó y se puso a ver los vídeos.

Ahora fui yo la que se metió debajo de las sábanas.

– Guau, ¡¡qué pasada de vídeos!! ¿Les mandamos unos nosotros?

Yo no contesté y me limité a acelerar mi mamada.

– Despacio, despacio.

Cogió su móvil, apartó la sábana y comenzó a grabar mientras se la chupaba. Un poco después ya estaba enviado nuestro vídeo.

Mario me pidió que subiera, me tumbó boca arriba y se colocó sobre mi. Abrí mis piernas todo lo que pude para sentir su polla en lo más profundo de mi. Ahhhhh ¡¡¡qué maravilla!!! Me encanta sentirme poseída por mi marido en esa postura, totalmente abierta para él.

Cada vez sus envites iban siendo más fuertes, siempre profundos, y con una cadencia más rápida. Nos besábamos con ganas, gemíamos de placer y nos movíamos cada vez con más intensidad. De nuevo volvió a temblar todo mi cuerpo al sentir el calor del orgasmo de mi amor y me corrí de nuevo.

Tras recuperar el aliento volvimos al grupo de Line. Hablamos de lo cachondos que nos habíamos puesto y de cómo habíamos follado unos minutos antes. Ya se había hecho tarde y nos despedimos con la idea de quedar otra noche para volver a jugar.

A partir de ese momento era raro el día que no intercambiábamos fotos de diferentes partes de nuestros cuerpos o de imágenes en las que aparecíamos masturbándonos o follando.

A mediados de enero recibí un mensaje privado de Manuela proponiéndome un juego. Me fascinó la idea, por supuesto, pero nos costó encontrar la fecha adecuada. Mes y medio después encontramos el momento.

A través de mensajes privados Manuela me fue contando su fantasía mientras me preguntaba si nos gustaría ayudarla a hacerla realidad. Realmente era una mujer morbosa y muy imaginativa.

Su primera condición es que quería que lo organizáramos entre las dos en secreto, sin decir nada a los hombres.

Siguiendo su plan reservé una cabaña en un centro turístico por la sierra de Gredos, un sábado a finales de febrero. Dejamos a los niños con mi madre y para allí que fuimos Mario y yo.

La segunda premisa era que Manuela y yo teníamos que conocernos antes a solas. Eso era un inconveniente importante. A ver cómo convencía a Mario para que nos separáramos aunque fueran 15 minutos.

Habíamos quedado a las 6 de la tarde para vernos y ambas hicimos la misma jugada, mandamos a nuestros maridos al pueblo más cercano a por bebida, jeje.

Quedamos en su cabaña. Abrió la puerta y me recibió con una preciosa sonrisa.

– ¡Qué bien Lorena! ¡Encantada de conocerte! – exclamó antes de darnos dos besos – Pasa, pasa.

Manuela era una mujer un poco más alta que yo y con más curvas. Entramos a la cabaña de la mano y nos sentamos juntas en el sofá. Conocía perfectamente toda su anatomía menos su cara. Nos quedamos mirándonos como tontas mientras sonreíamos… y nos gustaba lo que veíamos. Me llamó mucho la atención su sonrisa. Ya conocía su lado picarón y juguetón pero desde el primer momento me di cuenta de que era una mujer encantadora, simpática y adorable.

– No tenemos mucho tiempo – me dijo – Quería que nos conociéramos antes tú y yo para confirmar que había química entre las dos. Por mi parte me gustas mucho.

– Mi primera impresión ha sido muy positiva – nos dijimos cogidas de la mano y sonrientes.

– Para mi lo más importante es que tú y yo estemos a gusto y lo pasemos muy bien. ¿Crees que podremos pasarlo bien juntas?

– Estoy convencida de ello.

Apenas acabé de hablar Manuela se acercó a mi lentamente pero con determinación y me dio un cálido y suave pico.

Se separó de mi para ver mi reacción y fue cuando yo busqué su boca. Comenzamos a besarnos lentamente, recreándonos en probar nuestros labios y las puntas de nuestras lenguas.

Yo ya estaba metida en mi mundo de placer cuando se separó de golpe dejando mi lengua al aire.

– ¿Quieres que te cuente lo que he estado pensando? – me preguntó con cara traviesa – ¿Vas a ayudarme a hacer realidad mi fantasía?

– Sí claro – la dije excitada – para eso hemos venido.

Unos minutos después Manuela y yo estábamos en el cuarto de baño de mi cabaña cambiándonos de ropa. Había traído un gran bolso lleno de cosas que llamaba “el bolso del placer”. Lo primero que sacó fue un par de conjuntos iguales. En realidad eran unos monos de malla de rejilla de color negro, que cubrían nuestro cuerpo desde los tobillos hasta los hombros con un agujero en el centro que dejaba nuestros sexos al aire. Tenía unos tirantes finos y elegantes y dejaba la espalda casi toda descubierta.

También trajo dos tangas negros que nos pusimos por encima de las mallas de rejilla.

Entre risas comenzamos a hacernos fotos. Primero una a la otra y luego las dos juntas. ¡¡Nuestros cuerpos pedían guerra!!

Llamé a Mario y me dijo que estaba llegando. Le comenté que tenía una sorpresa para él pero que tenía que seguir unas instrucciones.

– Llámame desde el coche cuando hayas aparcado – le pedí.

La fantasía de Manuela estaba en marcha.

Recogimos todo del cuarto de baño y nos metimos en la habitación. En eso, llamó Mario.

– Cuando entres tienes que ir directamente al cuarto de baño. Tienes que desnudarte y darte una ducha. Luego tienes que venir a la habitación desnudo.

Excitadas y nerviosas oímos cómo entró en la cabaña y dejó la bebida en la nevera. Luego se oyó cómo cerraba la puerta del cuarto de baño y poco después el sonido del agua al caer en la ducha.

Manuela encendió unas velas y las distribuyó por la habitación. Apagó las luces y me pidió que le hiciera una foto de cuerpo entero para su marido. Se tumbó sobre la cama y puso un par de posturas sexys.

Elegimos entre las dos una de las fotos y se la mandó a su marido con un mensaje que decía “Te espero con unos amigos en la cabaña número 5, pero no vengas antes de media hora”.

log-home-95677__480Manuela sacó una última cosa de su gran bolso. Era una cinta de seda negra, de unos cinco centímetros de ancho, y me pidió que le vendara los ojos.

Manuela no paraba de sorprenderme, ¡qué mujer!

– Mi fantasía es follar con un desconocido con los ojos vendados. Muchísimas gracias por hacer mi sueño realidad.

Manuela me agarró de la cintura y comenzamos a besarnos.

Estaba nerviosa y excitada. Mi marido estaba a punto de entrar y ahí estábamos las dos esperándole a los pies de la cama dándonos el lote. Nos besábamos despacio, suavemente, disfrutando de nuestros labios y de nuestras lenguas. Cuando dejamos de oír el agua de la ducha no pudimos evitar que nuestros corazones se aceleraran un poco, igual que nuestras respiraciones. Los besos que nos dábamos cada vez eran más intensos.

Manuela dejó caer sus manos por mis caderas hasta agarrarme el culo con firmeza y me apretó contra ella. Nuestros pechos se juntaron, nuestras caderas se chocaron y los besos pasaron a ser realmente apasionados.

Se abrió la puerta.

No pudimos evitar dar un bote del susto.

– ¿Y esto? – preguntó Mario sorprendido, sonriente y totalmente desnudo – ¡Esto no me lo esperaba!

– Te presento a Manuela.

– Encantado ¿Y la venda?

Manuela estaba quieta sintiéndose observada. Me agarraba fuerte por la cintura buscando cierta seguridad.

– Igualmente Mario – respondió – ¿No vas a darme dos besos?

Mario se acercó a ella, la cogió por la cintura y la dio dos besos. Me miró e hizo un gesto como diciendo que le encantaba la sorpresa. Me lancé a darle un beso mientras abrazaba a los dos.

– Tenemos que hacer realidad el sueño de Manuela. ¿Te parece bien?

– Puff… ¡Me encanta la idea! ¡¡Estáis preciosas!!

Mario se giró hacia Manuela y empezaron a besarse.

– ¡Qué bien hueles Mario!

Siguiendo las órdenes recibidas me separé un poco y los dejé solos. Cogí el móvil y comencé a hacer fotos. Parecía como si los flashazos les iban animando. En seguida se pusieron los dos a manosearse por todo el cuerpo. Mario disfrutaba de los voluminosos pechos y del culo de Manuela, acariciándola por encima del vestido de malla, jugando con los pezones que le salían por los agujeritos que cubrían todo su cuerpo. Ella se aferraba a los cachetes de mi marido mientras no paraban de besarse.

Dejé el móvil y me puse junto a ellos para unirme a la fiesta. Manuela, al sentir que me acercaba, buscó a ciegas mis labios que le correspondieron con un apasionado beso.

Sentí como una mano de cada uno empezó a recorrer mi cuerpo. Mi espalda, mi culo, mis pechos… Mario se recreaba con las finas tiras que cubrían uno de mis pezones y Manuela metió una de sus manos en mi entrepierna y se puso a acariciarme suavemente. En ese momento ya me sentía con un calentón increíble.

Mi marido era ahora el que me besaba. Busqué su polla pero encontré una mano de Manuela acariciándola. Busqué entonces el coño de Manuela pero encontré una mano de Mario. Apoyé mis manos en sus cinturas y me dejé hacer mientras mi boca iba cambiando de labios y sentía cómo dos manos sobaban todo mi cuerpo.

La mano de Manuela se metió dentro de mi tanga y comenzó a acariciar mi húmedo clítoris. Mario bajó la mano que me acariciaba el culo y buscó mi entrepierna por detrás. Se puso a jugar con mi agujerito hasta que consiguió meter uno o dos dedos dentro de mi.

¡Vaya placer que me estaban dando entre los dos!

Manuela se separó un poco de mi para bajar poco a poco por el cuerpo de mi marido hasta meterse la polla en la boca.

Mario y yo comenzamos a besarnos como locos. Me giró para poder meter su mano por dentro de mi tanga y poder acariciarme a su gusto. Yo estaba que me derretía.

Oía los chupetones de la mamada y notaba en los besos de mi marido el placer que estaba recibiendo de la boca de Manuela.

Entonces llegó el momento de pasar al siguiente punto de mis instrucciones.

Después de hacer unas fotos de los dos en pleno goce, me quité el tanga y me tumbé boca arriba abierta de piernas. No pude evitar comenzar a tocarme mientras disfrutaba del espectáculo. Como estaba previsto, Manuela no tardó en buscarme. A tientas encontró la cama y a cuatro patas, muy lentamente, sexy y provocadora, se fue acercando a mi.

Con una mano en cada una de mis piernas comenzó a darme besitos por un muslo, luego por el otro, cada vez más arriba.

Mi corazón latía rápidamente, mi respiración estaba acelerada. Sabía lo que iba a pasar y lo estaba deseando.

Cuando Manuela puso su lengua sobre mi clítoris me estremecí. Un calambre recorrió todo mi cuerpo de pies a cabeza. Mi espalda se arqueó de placer, mis piernas se contrajeron mientras mantenía los ojos cerrados para concentrarme al máximo en el placer que estaba recibiendo.

Oí el sonido que hace el envoltorio de un preservativo al abrirse, oí el sonido que hace el condón al colocarlo y noté cómo Manuela recibió la polla de mi marido de un solo golpe.

Paró de comérmelo por un momento para recibir los primeros empujones, cogió un poco de aire y continuó chupando. Notaba perfectamente en mi clítoris cada envestida que daba Mario.

En esa postura llegó mi primer orgasmo de la noche. Puffff… ¡¡¡Fue maravilloso!!!

Mario y yo nos miramos cómplices, sonreímos y nos lanzamos besitos con los labios mientras él seguía bombeando las caderas de Manuela que gemía cada vez con más ganas.

Me levanté y me puse a fotografiar a los dos amantes en plena acción. También hice un poco de vídeo iluminando la sala con la linterna del móvil.

Cuando apagué la luz aprovecharon para cambiar de postura. Manuela se tumbó boca arriba, se abrió de piernas y esperó a que mi marido se la volviera a meter. Hice unas cuantas fotos más en esa nueva posición.

Los gemidos iban en aumento, igual que los empujones que Mario le estaba dando. Manuela con una mano se frotaba el clítoris con mucha fuerza y con la otra agarraba una de sus piernas para mantenerse bien abierta. Y así se corrió entre gemidos y gritos de placer.

Mario, al sentir cómo se corría su amante, también llegó al orgasmo. Se vació dentro de ella entre espasmos y con la respiración entrecortada.

Y sonó el timbre de la puerta.

– ¡Qué oportuno! – exclamó entre risas Manuela.

Siguiendo sus órdenes me acerqué a la puerta de la cabaña.

– ¿Eres Javier?

– Sí. ¿Está ahí Manuela?

– Sí, está aquí. ¿Puedes volver en cinco minutos? La puerta estará abierta.

Al volver a la habitación Mario estaba haciendo fotos a Manuela. Ella estaba sobre la cama mostrando su sexo chorreante y poniendo posturas sugerentes. Como aún seguía con la venda puesta me pidió que enviara una de las fotos a su marido por Whatsapp. Mario y yo elegimos la foto que nos pareció mejor y se la mandamos con un texto que decía: “Me acabo de follar a Mario y Lorena. Ahora te toca a ti”.

Javier contestó al momento: “Estás preciosa. Voy”.

Unos segundos después se oyó la puerta de la cabaña y unos pasos que se acercaban. Manuela nos pidió que nos tumbáramos junto a ella, uno a cada lado.

– Hola ¿Se puede?

– Adelante mi amor. Te presento a Mario y a Lorena.

– Encantado – dijo sonriente y saludando con la mano – ¡Vais las dos iguales!

Manuela se levantó y buscó a su marido extendiendo los brazos hacía donde venía su voz.

– Cariño, ¿me ayudas a quitarme la venda?

– Sí claro, ¿has estado así todo el tiempo?

– Sí, por fin he follado con un desconocido sin verle la cara – dijo entre risas.

Javier le quitó ágilmente la venda de los ojos y se besaron. Luego ella se giró buscando a Mario con una gran sonrisa guiñándole un ojo. Todos nos pusimos a reír siguiendo la reacción de Manuela.

Nos levantamos para saludar. Mario y Javier se dieron la mano y yo le di un pico mientras me cogía con determinación por la cintura.

– Pareja, muchas gracias por hacer mi fantasía realidad. No os podéis imaginar las veces que he soñado con tener sexo con un desconocido con los ojos vendados.

– Espero que hayas disfrutado mucho – dijo Mario.

– Por supuesto que sí – dijo sonriente y agradecida Manuela – Tienes una polla gorda y rica que sabe muy bien lo que tiene que hacer.

Volvimos a reír todos.

– No tengas envidia, cariño, que tú también tienes una buena polla – dijo Manuela picarona mientras empezaba a desnudar a su marido.

– Voy a por algo de beber – dijo Mario antes de salir de la habitación.

Yo cogí de nuevo el móvil con la intención de hacer unas fotos pero Manuela me paró.

– ¡Ah sí! ¡Vamos a ver las fotos!

Nos sentamos las dos en el borde de la cama mientras Javier acaba de desnudarse. Yo no pude evitar mirar de reojo cómo se quitaba los calzoncillos y quedaba su polla colgando, balanceándose al ritmo de los movimientos de su cuerpo.

– ¡Qué buenas fotos! – exclamó Manuela.

– A ver, a ver – le siguió Javier – Guauuuuuu… ¡Cómo lo habéis pasado sin mi! Seréis…

La verdad es que las fotos habían quedado bastante bien a pesar de estar hechas con un móvil y de que hubiera poca luz. Al verlas mi entrepierna volvió a palpitar.

En eso apareció Mario con una botella de vino blanco y unos tercios.

– ¿Vino o cerveza?

Brindamos los cuatro por el sexo y por nuestra amistad y volvimos a ver las fotos y vídeos con más detenimiento.

– Lorena, ¿nos haces alguna fotillo más?

– Venga – respondí a Manuela.

Javier se tumbó en el centro de la cama y su mujer se echó sobre él, le agarró la polla, que estaba morcillona, y comenzó a chuparla.

Animada, comencé una nueva sesión de fotos. Hice unas más cercanas y otras de cuerpo entero. Y también un poco de vídeo. Cuando me acercaba a la cara de Manuela dejaba de chupar y me sonreía. O Se ponía a juguetear con su lengua, dando suaves lamidas al capullo. O se mordía el labio inferior mientras ponía cara de putón. Ella estaba disfrutando pero yo también.

En un principio Mario se quedó disfrutando de la escena mientras se acababa su cerveza. Luego se acercó a mi por detrás para acariciar mi espalda y mi culo mientras hacía un poco de vídeo. Entre lo que veía en la pantalla y las caricias de mi marido mi entrepierna volvía a estar deseosa de sexo.

Mario me cogió el móvil.

– Déjame grabar a mi un poco – me dijo.

Manuela dejó de chupar por un momento y extendió su mano hacia mi y me invitó a acompañarla.

Me acerqué despacio, acariciando con una mano la espalda de Manuela y con la otra la pierna de Javier. Ella seguía con la polla de su marido en la mano y me miraba pidiéndome que me la metiera en la boca.

Primero saqué mi lengua y acaricié con ella el capullo lubrificado de Javier. Miraba a los ojos de Manuela que sonreía feliz. Nos besamos. Fue un beso maravilloso, el mejor de la noche. Mmmmm… suave, húmedo… Y me metí la polla en la boca.

Mientras chupaba y chupaba Manuela me abrazaba, me daba besos por el cuello y me decía al oído lo bien que lo hacía. Luego quiso chupar ella también y nos fuimos alternando entre besos y más besos entre nosotras.

Mario se puso a grabar la mamada a dos que estábamos haciendo. Mientras lo hacía me acariciaba la espalda, los pechos o el culo. Hasta que metió la mano entre mis piernas y empezó a masturbarme. Primero acariciando mi empapado clítoris y luego follándome con los dedos.

Me encantó la mamada a dúo que hicimos a Javier. Además, el sentir los dedos de mi marido dentro de mi me estaba volviendo loca.

Manuela se levantó y me dejó sola disfrutando de la polla de Javier.

– Mira lo que traigo – me dijo al oído mientras me enseñaba un preservativo.

Me entró un escalofrío por todo el cuerpo. Pufff…

Colocó el condón a su marido y me invitó a ponerme sobre él. Agarró la polla y la apuntó hacia mi. Me dejé caer y la clavé hasta el fondo.

Mmmm… Ambos gemimos de gusto.

Me quedé un momento quieta para disfrutar de la sensación de sentirme llena y luego empecé a moverme. Javier se agarró a mis pechos y Manuela se puso a mi lado para besarme y darme caricias por todo el cuerpo. Mario seguía a lo suyo haciendo fotos, vídeos y disfrutando de verme gozar.

Dejé los labios de Manuela para buscar los de Javier. Él me agarró de la cintura con ganas y empezó a bombear desde abajo. La fuerza de las envestidas me impidió seguir besándole. Estuve un rato recibiendo sus empujones hasta que me volví a incorporar y le hice parar.

Ahora era yo la que se movía de nuevo frotándome hacia delante y hacia atrás a la vez que apretaba mis músculos vaginales contra su miembro. Seis manos acariciaban cada rincón de mi cuerpo. Cerré los ojos para concentrarme en el placer que estaba recibiendo de pies a cabeza.

Javier comenzó a tensarse, noté cómo se agarró fuerte a mi cintura y arqueó su espalda. Al sentir cómo le llegaba el orgasmo me excitó tanto que me corrí a continuación.

Manuela y yo nos fundimos en un precioso beso, dulce y apasionado mientras aún sentía cómo vibraba el interior de mi sexo.

Cenamos juntos y volvimos a follar cada uno con su pareja.

A la mañana siguiente nos despertamos con un montón de fotos y vídeos en el grupo de Line. Se habían marchado pronto a Madrid y Manuela aprovechó para mandarnos todo el material durante el viaje.

Nos citamos para el 3 de abril, día que nuestra amiga Estefanía organizaba su primera quedada dentro de su nuevo proyecto tsex.es, pero el maldito coronavirus ha hecho que tengamos que posponer nuestro próximo encuentro.

Esperamos que todos estéis bien y que pronto podamos salir a disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida.

4 comentarios sobre “La fantasía de Manuela

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