Intercambio sorpresa

Autor: Mario.

mariolorena40historias@gmail.com

Después de una temporada tranquila, en cuanto a aventuras se refiere, el calor del verano nos animó lo necesario para volver a hacer travesuras.  

Después de unos cuantos meses sin saber de nuestros amigos norteños recibí un mensaje de Inés preguntando qué tal estábamos. Me alegró saber de ella y nos pusimos a chatear. Me dijo que el siguiente fin de semana Beni tenía un congreso en Madrid y que se había animado a acompañarle, así aprovechaba para hacer unas compras y visitar a una prima que acababa de ser madre. Además se le había ocurrido dar una sorpresa a Beni: quedar con nosotros.

Por supuesto me pareció una gran idea… y se me ocurrió que yo también podía dar una sorpresa a Lorena. 

Inés y yo fuimos organizando la sorpresa doble hasta que por fin llegó el sábado noche.

Le dije a Lorena que íbamos a una pequeña fiesta que organizaba un amante de nuestra amiga Estefanía, que seríamos cuatro parejas y que habrían juegos picantes, aunque no creía que la cosa se desmadrara mucho.

Lorena se puso un precioso conjunto que se había comprado esa semana para la ocasión de color azul grisáceo formado por un tanga y un sujetador con el broche en la parte delantera. Encima un vestido corto con volantes y buen escote. Estaba espectacular.

Dije a Lorena que teníamos que pasar por un hotel a recoger a una pareja, amigos de Estefanía, que también iban a la mini fiesta. Era un pequeño alojamiento cerca del aeropuerto. 

Llegamos al hotel y bajamos Lorena y yo. Nada más cruzar la puerta nos estaba esperando Inés.

Lorena dio un pequeña grito de sorpresa y ambas se dieron un fuerte abrazo.

  • ¿Qué haces aquí? ¡Qué casualidad! – dijo Lorena emocionada.
  • Espero que te guste la sorpresa – contestó Inés.
  • ¿Cómo? ¿Lo habéis organizado vosotros? Entonces… lo de Estefanía…

Entre risas Inés y yo explicamos a mi mujer que habíamos organizado una sorpresa doble, tanto a Beni como a ella. Lorena, encantada, no acababa de creérselo.

A Beni aún le quedaba un poco para salir de la feria y decidimos ir a un bar cercano a tomar una cerveza y hacer un poco de tiempo.

Como Beni se retrasaba nos acercamos a un centro comercial próximo y buscamos un lugar tranquilo para cenar. Inés estaba nerviosa y deseosa de ver la reacción de su chico cuando nos viera allí con ella.

Ya estábamos terminando de cenar cuando finalmente llegó Beni. Inés se levantó para recibirle y le dio un cariñoso pico. Le cogió de la mano y le acercó a nuestra mesa. Entonces, al vernos, se echó las manos a la cabeza y totalmente sorprendido nos besó y abrazó.

  • Llevo toda la semana comentando a Inés que podríamos ir a un local liberal… ¡pero esto es mucho mejor! ¡Qué alegría de veros!

Como Beni ya había cenado enseguida nos fuimos a un pub cercano a tomar unas copas. Nos pusimos al día, nos contamos nuestras últimas travesuras y hablamos de las fantasías que a cada uno se le pasaba por la cabeza.

Nos invitaron a subir a su habitación de hotel y aceptamos encantados.

bedroom-1285156_1280.jpgLa habitación era pequeña. Cogía una cama de matrimonio, una mesilla y poco más.

Lorena y yo nos quedamos a los pies de la cama y ellos se pusieron junto a la mesilla. Enseguida apagaron las luces, quedando la sala únicamente iluminada por un par de leds de emergencia que permitía ver lo justo.

Sin decir nada Inés y Beni se desvistieron rápidamente. Nosotros nos tomamos nuestro tiempo, besándonos y tocándonos mientras nos desnudábamos.

Una vez sin ropa Lorena se tumbó en la cama, se abrió de piernas y me invitó a que se lo comiera. Y encantado me puse a ello. Mientras tanto, Inés estaba de rodillas en el suelo chupándosela a Beni, que estaba sentado en el borde de la cama.

Lorena empezó a retorcerse, y aunque al principio intentaba contenerse, no pudo evitar que salieran de su boca los primeros gemidos de la noche.

Al rato cambiamos de posición y fui yo el que se tumbó en la cama para recibir los lametones de Lorena. ¡¡¡Puffff, qué pasada!!! 

Mi cabeza rozaba el cuerpo de Inés que también estaba tumbada recibiendo sexo oral. 

  • ¿Puedo acariciar a Mario? – preguntó Inés a Lorena.
  • Por supuesto.

Su brazo se separó de mi cabeza y comenzó a acariciarme el hombro… el brazo… hasta que se puso a jugar con los pelillos de mi pecho. Yo estaba en la gloria. Mientras mi mujer me hacía una maravillosa mamada tenía la mano de otra mujer acariciando mi cuerpo.

Después de estar un momento disfrutando de forma pasiva comencé a tocar yo también. Mientras con una mano acariciaba la espalda y la cabeza de Lorena con la otra me puse a acariciar el cuerpo de Inés: su brazo, sus pechos…

Según estaba no podía ver a Beni, que se mantenía oculto entre las piernas de su chica.

Notaba que Lorena estaba muy excitada porque me la estaba chupando con muchas ganas. Sabía perfectamente lo que necesitaba y se lo di.

Me incorporé y coloqué a mi mujer tumbada de lado mirando hacia Inés. Me puse detrás de ella y en la postura de la cucharita comenzamos a follar. Inés no se lo pensó un momento y comenzó a acariciar a Lorena. Mi mujer no paraba de gemir, pero estaba un poco inmóvil. En eso Inés se lanzó a besarla y Lorena la respondió con un buen morreo.

Ahora las dos se tocaban sin ningún complejo mientras se besaban con ganas. Inés no se conformó con acariciar los pechos a Lorena y bajó a masturbar el coño de mi mujer mientras yo seguía penetrándola.

  • ¡Qué maravilla! – dijo Inés – ¡Estás súper húmeda!
  • ¡Qué bien me lo estás haciendo! – le respondió Lorena mientras jugueteaban ambas lenguas.

De nuevo Lorena comenzó a vibrar. Sus piernas se pusieron a temblar y sus gemidos se hicieron más evidentes hasta que le llegó el orgasmo.

Yo paré un poco mientras las dos seguían besándose. La mano de Inés ahora se puso a jugar con mis huevos y la base de mi polla, dejando por un momento de acariciar los labios y el clítoris de mi mujer. 

Lorena seguía recuperándose cuando por fin Beni sacó la cabeza de entre las piernas de Inés. Se colocó un poco sobre nosotros y se puso a besar a Inés. 

Más o menos a la vez nos fuimos incorporando los cuatro. De nuevo las chicas se fundieron en un beso. Ahora Lorena pudo corresponder a su amante y comenzó a meterla mano ya sin el obstáculo de la lengua de Beni. Todos nos juntamos y comenzamos a besarnos y acariciarnos unos a otros alternativamente (excepto entre los chicos, es verdad). A veces besaba a mi mujer mientras tocaba a Inés, a la vez que ésta se besaba con su chico, que a la vez masturbaba a Lorena. Y luego nos cambiábamos cada uno con su pareja y seguíamos besándonos y acariciándonos… Y volvíamos a cambiar hasta que finalmente nos quedamos con las parejas intercambiadas.

En ese punto los chicos comenzamos a follarlas con los dedos. Inés se había colocado boca arriba, con las piernas abiertas para que la pudiera masturbar más fácilmente. Lorena, a su lado, estaba tumbada boca abajo mientras Beni le metía los dedos con bastante fuerza y cadencia mientras mi mujer gemía y se retorcía de placer.

Estaba claro que ellos estaban acostumbrados a masturbarse duro. Inés me pedía que le apretara fuerte las tetas, que le pellizcara los pezones y que le metiera más dedos. Según se iba excitando comenzaba a hablar y hablar cada vez más mientras se le aceleraba la respiración y gemía de gusto.

  • ¿Lorena, puedo follar con Mario? – preguntó con la voz entrecortada.
  • Claro que sí – respondió Lorena como pudo – ¿Y yo con Beni? 

Entre risas me incorporé para ponerme un condón y me puse sobre Inés que me esperaba con las piernas abiertas. Entró fácilmente y comencé a bombear con ganas mientras ella envolvía mi cuerpo con sus piernas. 

Para cambiar un poco me levanté y puse sus piernas hacia arriba para seguir haciéndolo en esa postura. En eso, Lorena se había sentado sobre la cama para seguir recibiendo la penetración incansable de los dedos de Beni en otra postura.

En ese momento mi mujer y yo cruzamos nuestras miradas. Lorena se mordió suavemente su labio inferior mostrándome lo cachonda que estaba. La verdad es que no hay nada que más me guste que ver a mi mujer disfrutar.

Inés me pidió ponerse sobre mi. Cual amazona se puso a frotarse fuertemente, tanto que la cama comenzó a bambolearse de un lado a otro. A veces se mantenía erguida a veces se dejaba caer sobre mi y me besaba. A veces se frotaba y a veces la metía y sacaba casi por completo una y otra vez.

  • Quiero que nos corramos juntos – Me dijo entre gemidos al oído.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

  • Sigue, sigue. No pares – le dije.

De nuevo comenzó a frotarse enérgicamente. Inés estaba como poseída, moviéndose hacia adelante y hacia atrás entre gemidos. Mis manos pasaban de acariciar su culo a apretar sus tetas fuertemente, como a ella le gustaba. Tenía la polla que me iba a explotar de placer cuando ella cayó rendida y con la respiración súper acelerada.

Miré a Lorena, que ahora estaba echa un ovillo sobre sus rodillas haciendo una mamada a Beni. En ese momento caí en que no le había visto empalmado en toda la noche. Y por supuesto aún no habían follado.

Lorena se levantó sin decir nada y se metió en el baño.

Inés fue hacia su pareja y comenzó a chupársela. Efectivamente aquello estaba flácido.

No sé si Inés puso el culo en pompa invitándome a algo o no, pero yo aproveché para metérsela y comenzar un inesperado trío. Y así nos vio Lorena cuando salió del baño. La miré y me hizo un gesto indicando que quería que nos fuéramos.

Nos vestimos, nos despedimos rápidamente y nos fuimos.

Fue una cita un poco muy frustrante. Lorena se cansó de intentar levantársela y se quedó con las ganas de haber hecho algo más y haber disfrutado de la noche hasta el final.

Es verdad que en casa nos desfogamos con un gran polvazo y dos buenos orgasmos, pero la decepción de la cita con Beni e Inés nos duró un poco, la verdad.

Unos días después Lorena me pidió permiso para quedar con uno de sus amigos de Gleeden… y claro, después de lo que pasó no pude decirle que no. ¿Tú qué hubieras hecho?

😉

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