Los caracoles y Mi Amo

Autora: Estefania Mor

estefania40historias@gmail.com

Hace unos días, mientras manteníamos una de nuestras conversaciones, de repente… Javier me preguntó: “El día que quedamos a comer caracoles… ¿venías follada?”

Upss… momento sinceridad? momento hacerme la loca? momento no sé de qué me hablas? Sabía perfectamente lo que estaba preguntando…. ¿cómo lo supo? Ni idea!!

Ese domingo me había despertado muy bien follada, pero que muy bien follada!! pero también tenía muchas ganas de ver a Javier y de pasar el día con él. Teníamos vía libre por su parte y por la mía, así que decidimos vernos, aunque sin un plan muy claro, la verdad.

Pasó a recogerme, monté en su coche y me preguntó que qué me apetecía hacer y le dije que lo que él quisiera… así que decidimos “montarnos” unas jornadas gastronómicas… Algo típico de aquí, otra cosa de allí… En el primer bar me encontré mirando a una pareja cuando Javier se levantó a pedir la segunda ronda de cañas. Ella era una jovencita muy apetecible, pelo liso, poco maquillada, esbelta, tetas pequeñas y muy dulce… un caramelito, vaya. En él, casi ni me fijé. Cuando Javier se sentó frente a mí, de espaldas a la pareja, yo seguía mirándolos y me dirigí a él para decirle lo preciosa que era la mujer que tenía a sus espaldas. Abrió los ojos como platos, sorprendido de que le instara a mirar a una mujer y disimuladamente se giró 180 grados para admirarla… Es cierto, es preciosa!! y se quedó un tanto pensativo…

En el trayecto en coche hacia un sitio muy famoso para degustar unos caracoles, pasó por delante de nosotros en un semáforo un monumento de tía… bajita, pantalones muy cortos, culo apretado, tetas en su sitio, melena rubia al viento, muy guapa de cara… y Javier y yo nos miramos diciéndonos con los ojos que ésta también estaba muy guapa. Os dije que Javier tiene una risa de duendecillo travieso que hago que se agudice cuando hago estas cosas. Me comentó en ese momento que era la primera vez que miraba mujeres con otra mujer y que no se había planteado nunca algo así pero que le ponía muy cachondo. El simple hecho de imaginar a otra, elegida por mí, juntas, para él, le superaba. Fijaos, tanto es así, que un par de días después me escribió un mensaje diciéndome “Me ha pasado algo que no me había ocurrido nunca!!!“ ¿Y qué ha sido? le pregunté. “Me he empalmado viendo a una chica por la calle pero no pensando en follármela yo, sino pensando en verla contigo… y eso no me había pasado nunca!!!” me decía sin saber muy bien cómo planteárselo, jejejeje.

Bueno, sigamos… Después de comernos esos caracoles, nos fuimos a tomar una copa después de peregrinar por algunos sitios que estaban a tope y no tenían espacio para una pareja deseosa de tenerse cerca. Subimos unas escaleras en uno, que nos llevaban a una azotea pero que solo sirvieron para que Mi Amo tuviera una bella imagen de mi desde abajo. Me sentí observada, sus ojos taladraban mis andares y mi culo bajo ese ancho vestido que me había enfundado ese día. sabía que le estaba encantando. Pero ese no era nuestro sitio, así que seguimos hacia una barra vacía, al fondo había sitio, yo sentada y de vez en cuando se acercaba para que le rozara su polla con mi rodilla. Estaba muy excitada, me abrí de piernas, subí mi vestido y durante un largo beso él pudo meter su mano sin que el camarero del otro lado de la barra pudiera vernos. Saco sus dedos mojados, oliendo a sexo, mi aroma invadió por un instante nuestro momento… Huelo a deseo.

No podíamos despedirnos sin tener más intimidad pero no había mucho tiempo más, así que me preguntó que si me apetecía que lleváramos el coche a una nave que tenía por allí cerca y le dije que sí, deseaba sentirlo. Metió el coche, cerró las puertas y quedó todo a oscuras, solamente se veían las luces de la radio para alumbrar lo que iba a suceder. Javier no volvió a entrar en el coche, abrió mi puerta, me ayudó a echar mi asiento hacia atrás, levantó mis faldas y me quitó las bragas diciendo que permaneciera abierta para él. Tan abierta estaba que el simple roce del aire ya me producía placer y esperar que asomaran sus barbas me excitaba tanto que temía mojar la tapicería del coche. Notaba como mis fluidos resbalaban por mi ano y recibí un par de manotazos en mi clítoris, no muy fuertes, pero sorprendentes mientras con la otra mano apretaba levemente mi cuello y me susurraba que era su perrita. Acercó su boca a mi sexo, lamiéndolo, lentamente, su lengua apretaba mi clítoris y lo acariciaba suavemente, alternaba sus movimientos para volverme loca de placer. Gemía, me retorcía, mi respiración se aceleraba por momentos y cuando estaba a punto de correrme con su lengua me ordenó que le comiera la polla. “Cómete tu polla, zorrita” y yo, encharcada, me incorporé y saqué mi cabeza hacia afuera del coche, él estaba de pie con la polla firme, esperando que me la metiera en la boca y con mis piernas completamente abiertas me introduje todo su miembro en la boca, disfrutándola, lamiéndola, chupándola, notando como llenaba todo el hueco haciendo que gimiera del gusto. Rápido, lento, la saco de mi boca, la lamo con la lengua desde los huevos hasta el glande, por la izquierda, por la derecha… me recreo en ella, me encanta recrearme y dar placer. Hmmm, cuando decido dejar de chupársela vuelvo a recostarme en el asiento del coche mientras él acerca su mano a mi coño y vuelve a palmearlo con fuerza… mmmm me gusta, me ofrece un placer que no había experimentado nunca. El primer palmeo, sorprende, el segundo revoluciona, el tercero excita y cuando dejas de sentirlos… tu clítoris los necesita y todo lo que siente después lo hace con más intensidad. Metió sus dedos hasta el fondo, hasta que no tenía más dedos para meter mientras acercaba su lengua… ufff como me pone que me lo chupen y me metan los dedos a la vez. Lo estaba gozando, me encantaba retorcerme con sus dedos dentro, chorreando, sintiendo como le empapaba su mano… la sacó y siguió con su lengua recorriendo toda mi entrepierna, hasta que alcancé un orgasmo muy escandaloso, sin apenas moverme para que su lengua siguiera en el sitio exacto que había hecho que me volviera loca de placer.

Tuve que salir del coche para adecentarme algo… había perdido la noción de donde estaba y no encontraba mis bragas. Javier olía a mi, me acerqué a besarlo antes de salir de esa nave y mi placer estaba repartido por su barba. Antes de despedirnos me comunicó que en nuestra próxima cita iba a traerme un collar. Mi Amo me iba a comprar mi collar de sumisa.

En nuestra próxima cita me lo va a poner…. me sentiré diferente? cambiará en algo mi percepción del sexo con él por el hecho de llevar un collar, qué significa, que acepto ser su sumisa?

A su pregunta de si había ido a la cita con él, follada, le tuve que decir que sí, claro. A lo que él me contestó: “Entonces, ¿me he comido un coño recién follado?” Bueno, de la noche anterior… pero sí, te comiste un coño recién follado.

Me siento tan puta… que me encanta!!! Javier me llama puta viciosa, pero él me puede llamar así.

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2 comentarios sobre “Los caracoles y Mi Amo

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