Se acabaron los secretos

Autor: Lorena

Sin duda alguna Eva fue mi maestra particular en mis comienzos como mujer liberal. Me mostró que la relación de pareja se puede llevar de formas diferentes a los cánones sociales o religiosos que nos han transmitido nuestros mayores. Lo importante es estar a gusto con una misma, ser feliz con tu marido y disfrutar de la vida.

Después de conocer a Pedro y a Eva nuestra actividad sexual en pareja se multiplicó por diez. Era extraño el día que no tuviéramos sexo. Incluso no era raro hacerlo dos veces en un día. La comunicación y complicidad entre nosotros se disparó, lo que influyó no solo a nuestra relación de pareja sino a cómo nos relacionamos con las personas que nos rodean: familia, amigos, trabajo… Básicamente porque pasamos a estar más contentos, más satisfechos.

Pero al principio cometí algunos errores. El más grave fue ocultar cosas a mi marido. Por suerte, no tardé mucho en darme cuenta del fallo y aquello nos sirvió para establecer unas normas entre nosotros que debíamos cumplir sí o sí.

Mario no supo nada de un par de aventuras que tuvimos Eva, Bob y yo hasta unos meses después. Entonces también se enteró de otras cosas que hice a sus espaldas, como por ejemplo quedar con Eva cuatro o cinco veces sin que él lo supiera.

La última tarde que quedé con Eva a solas fue en su casa. Quería enseñarme algo, un nuevo juguetito que se acababa de comprar, según ella súper potente.

– Adelante Lorena, ¿qué tal? – me dijo Eva mientras me invitaba a entrar a en su casa.

– Muy bien ¿y tú? – le respondí antes de recibir su ya tradicional pico de bienvenida.

– Mira lo que me he comprado.

Eva me llevó de la mano hasta su dormitorio, de donde venía una canción latina de moda. Una vez allí abrió el armario y sacó un paquete del armario.

– Tenía ganas de probar esto. Me habían dicho que es la caña…

Abrió la caja y sacó un consolador enorme. Bueno, a mi me pareció enorme.

– Mira, tiene un montón de vibraciones distintas – me dijo mientras manipulaba un par de botones que había en la base.

Captura de pantalla 2018-10-01 a las 11.21.47.pngEl juguetito era un vibrador con un tamaño similar a un pene más un apéndice para estimular el clítoris. En la base cúbica se encontraban los mandos y el espacio para las pilas.

– Me han recomendado que no supere la mitad de la potencia – me dijo mientras me lo dejó para que sintiera su fuerza – vamos a probarlo!!

Eva estaba entusiasmada con su nuevo amigo y no paraba de enseñarme las diferentes velocidades y tipos de vibración.

De repente se quitó el vestido que llevaba, el sujetador y las bragas. Así, sin más. Apagó la luz de la habitación, quedándonos en penumbra gracias a algo de claridad que llegaba desde el pasillo.

– ¿Lo pruebas tú o yo?

– Tú tú – le respondí rápidamente.

– Ponte cómoda. Si quieres puedes jugar mientras con alguno de éstos – me dijo mientras que pasaba una caja llena de vibradores y consoladores de diferentes tamaños y colores – están todos limpitos.

Con una gran sonrisa, Eva se tumbó sobre la cama acomodando su cabeza en unos cojines. Yo me quedé de pie junto a ella ignorando sus viejos compañeros de juego.

Una vez que encontró el tipo e intensidad de vibración deseada se lo acercó a su vulva y empezó a frotar sus labios arriba y abajo despacio.

– Ufffff qué suave!!!!! Mmmmm… mooooolaaaaaaa.

Eva cerró los ojos y se concentró en lo que le hacía sentir el roce de la cabeza del vibrador en su clítoris.

– Desnúdate y túmbate aquí – me soltó sin ni siquiera abrir los ojos.

Como una autómata, sin pensar muy bien lo que estaba pasando, me fui quitando la ropa hasta quedarme completamente desnuda. Y sin dejar de contemplar el espectáculo me recosté a su lado.

-Joder tía, esto es brutal!!!!!

Eva comenzó a lanzar sus primeros gemidos. Al principio eran suaves pero fueron subiendo en intensidad. A veces se retorcía, a veces se estiraba…

Se incorporó para tocar de nuevo los botones del vibrador. Dio cuatro o cinco golpes a los botones y encontró algo nuevo que la satisfizo. En eso se volvió a acercar el juguete a su coño, lo cogió con decisión e hizo que fuera desapareciendo poco a poco dentro de su cuerpo.

– Jooooooodeeeeeeeerrrrrrr.

Eva se retorcía con el aparato vibrando dentro de su cuerpo. A veces daba un pequeño grito y lanzaba un gemido más alto que otro, supongo que cuando variaba el ritmo de la vibración. Cuando lo sacaba hasta la punta podía ver lo lubrificado que estaba. Eva estaba realmente pasándoselo muy muy bien, estaba chorreando.

Mientras movía el vibrador con su mano derecha, Eva agarró mi brazo con su mano izquierda para hacerme partícipe de lo bien que se lo estaba pasando. Estaba con los ojos cerrados, concentrada, dejándose llevar… retorciéndose de placer.

Yo aún no había sentido en mis carnes la potencia de ese invento pero el ver a Eva gozar me hizo sentirme muy excitada y comencé a acariciar mi clítoris.

Eva aumentó sus espasmos y sus gemidos. Sujetaba con decisión el vibrador y apretaba el apéndice sobre su clítoris. No lo frotaba muy rápido, lo necesario para acercarla a un encantador orgasmo.

– Lorena, me voy a correr  – gimió intentando mirarme, pero sus ojos estaban idos por la intensidad del placer.

Eva me cogió la mano apretándola con fuerza mientras continuaban sus espasmos y gemidos.

– Puffff – resopló – impresionante.

Eva paró un poco. Se incorporó, se giró hacia mi y me besó. Esta vez no fue uno de sus picos, no. Me besó de verdad.

Me encantó sentir sus labios junto a los míos, me encantó sentir su lengua jugueteando con la mía y me encantó que me acariciara los pezones mientras me besaba así, despacito.

Simplemente me dejé llevar.

Notaba en sus besos cómo se aceleraba. Me besaba cada vez con más fuerza, con más ganas… hasta que tuvo que parar porque los gemidos la ahogaban. Se estaba corriendo.

– Aghhhhh… joder… aghhhhhh.

Eva necesitó un instante para recuperar el aliento. Me miró sonriente, me dio un pico y se levantó al baño.

Y ahí me quedé yo, tocándome sin parar saboreando mi primer beso con una mujer.

– Te toca. Vas a flipar – me dijo a la vez que me daba el vibrador.

Cogí el cacharrito, recién lavado, lo miré con cierto respeto y comencé a probar los diferentes ritmos sobre mi mano. Cuando elegí uno que me gustaba me acomodé y dirigí el capullo del falso pene directamente a mi clítoris.

– Guauuuuuu – exclamé – vaya potencia tiene esto, no?

– Sí, es una pasada!! Sabes, le voy a llamar Pequeño Bob – dijo Eva emocionada con su propia ocurrencia.

Comencé a recrearme con el juguete. Sin separarlo de mis labios y de mi clítoris fui probando distintas velocidades y ritmos vibratorios.

En eso Eva volvió a atacar. Acercó sus labios a los míos para darme piquitos muy suaves y cariñosos. A veces sacaba la punta de su lengua para recorrer con ella los labios de mi boca, entreabierta por el placer que estaba recibiendo.

Mientras Eva me besaba cálidamente, decidí introducirme el Pequeño Bob. Un escalofrío arrancó de mi interior y recorrió todo mi cuerpo. Lo metí hasta el fondo y me quedé inmóvil. Tenía el clítoris ardiendo por la vibración del apéndice, el coño lleno y mis labios húmedos y calientes por los besos de mi cariñosa amante. Me sentía en la gloria.

A partir de ahí ya no pude contenerme.

Y me lancé a besar a Eva con fuerza. Mi boca se puso a disfrutar de la de mi amiga con todas mis ganas. Ella reaccionó con la misma intensidad y pasión y nuestras lenguas se frotaban sin parar.

Mientras el Pequeño Bob hacía de las suyas ahí abajo, una mano de Eva comenzó a acariciar mis pechos. Puffff… Cómo estaba disfrutando…

Ese cúmulo de sensaciones hizo que mi cuerpo estuviera a punto de estallar. Sin embargo algo pasó de repente que nos asustó e hizo que soltáramos un grito, pero no de placer.

– Hola, ¿qué hacéis tortolitas? – dijo Pedro con ganas desde el quicio de la puerta de la habitación.

– Fuera de aquí, gilipollas!!!! ¿No te han enseñado a llamar a la puerta antes de entrar? – gritó Eva a su marido.

Pedro desapareció, igual que desapareció el orgasmo que estaba a punto de llegar.

– Lo siento – intentó excusarse.

– Nada, no te preocupes. Joder, estaba a punto de correrme!

Aquello nos cortó el rollo. Recogimos el juguetito y nos pusimos a comentar sus enormes virtudes y su gran potencial para pasar buenos ratos.

La tranquila charla acabó cuando Eva volvió a besarme mientras nos dejamos caer sobre la cama, ella prácticamente encima de mi. En seguida noté su mano acariciando mis pechos. La abracé y me dejé hacer. Su mano pasó de juguetear con mis pezones a deslizarse hacia mi monte de Venus. Sólo con pensar lo que iba a pasar a continuación, mi cuerpo sufrió un fuerte escalofrío.

Pero no, Eva volvió a subir su mano hacia los pechos. Aquello me había vuelto a encender. Quería sentir su mano frotando mi clítoris, quería sentir sus dedos dentro de mi.

Loca de placer y deseo comencé a acariciar el cuerpo de Eva sin dejar de comerme su boca apasionadamente. La apretaba contra mi. Sentía sus tetas contra las mías. Su coño junto al mío.

Ahora sí, por fin Eva bajó su mano y con toda ella presionó mi vulva. Luego pasó a acariciar suavemente los labios y el clítoris varias veces. De nuevo me sentía empapada.

Lanzada como estaba, también me puse a masturbar a mi amante.

– Mmmmmm… Me encanta lo que me haces – gimió Eva en mi oreja.

Ahí estábamos las dos, besándonos y masturbándonos mutuamente, cuando de nuevo sentimos la presencia de Pedro en la puerta de la habitación.

– ¿Cómo vais?

Esta vez su entrada fue mucho más sutil y no nos asustamos tanto.

Las dos nos giramos hacia él. Estaba completamente desnudo y perfectamente empalmado. Seguro que llevaba un tiempo mirando.

– Cómo sabes que necesitamos una buena polla, ¿eh? – soltó Eva mientras se lanzó hacia su marido.

Me quedé sobre la cama, desnuda, empapada, viendo como Eva se la chupaba a su marido. No podía evitar acariciarme mientras disfrutaba de lo que veía.

Pedro me llamó con su dedo índice, mirándome fijamente a los ojos, para que me uniera a ellos. Yo le contesté dando con mi mano unos golpes sobre la cama.

– ¿No os apetece poneros más cómodos?

Ella dejó de chupar y se puso de pie, dando un bonito beso a su marido. Él la abrazó fuerte y siguió besándola, mientras una de sus manos bajó para apretar el culo de Eva contra su miembro erecto.

Pedro se dejó caer en el centro de la cama, quedando Eva y yo en los extremos.

Cada una comenzamos a acariciar diferentes partes del cuerpo de nuestro hombre: el brazo, la pierna, el pecho… mientras nuestras bocas se turnaban para besarle.

Como vi que Eva no se lanzaba me decidí a coger el miembro de Pedro mientras le besaba.

– Quiero follarte – me dijo al oído.

– No, te voy a follar yo.

Eva ya tenía un preservativo en su mano. Con decisión lo abrió y se lo colocó hábilmente a su marido.

Me incorporé, me coloqué sobre Pedro, agarré su duro miembro y me lo introduje poco a poco hasta el final.

Me mantuve erguida y comencé a balancearme hacia delante y hacia atrás frotando mi clítoris con fuerza. Pedro me cogió de las caderas mientras disfrutaba de mis movimientos y Eva se puso detrás de mi dándome pequeños mordiscos en mi cuello y espalda a la vez que sus manos agarraban mis tetas con determinación.

Mis movimientos empezaron a alternar el frote que había hecho hasta entonces con un suave sube y baja. Mi cabeza se giró para buscar la boca de Eva y comenzamos a morrearnos con ganas.

Las manos de Pedro sustituyeron a las de su mujer mientras volví a frotarme fuerte clavando su polla en lo más profundo de mi. Llegué a ese punto en el que no hay vuelta atrás. Inicié un balanceo cada vez más rápido. Tuve que dejar de besar a Eva porque los gemidos que me salían no me lo permitían. Me concentré en el gran orgasmo que estaba llegando. Por fin. Aghhhhhhhh…

– Jooooder!!!!!. Joooooder!!!!! – solté mientras me dejaba caer en mi lado de la cama totalmente satisfecha – Eva, continúa tú.

– Mmmmm… eso está hecho!!!

Con enorme facilidad le quitó el condón a su marido, se colocó en la posición en la que estaba yo antes y se la clavó de un solo golpe. Pedro la cogió fuerte de las caderas mientras comenzaban a frotarse uno contra otro.

Eva se inclinó hacia delante para besar a su esposo y pasó a subir y bajar el culo de una forma espectacular, moviéndose a gran velocidad. Poco después ambos llegaron al orgasmo totalmente sincronizados.

Ignorándome, ambos se quedaron abrazados, uno sobre otro, intentando recuperar un ritmo normal de respiración.

– Lorena – me dijo Pedro aún con el corazón acelerado – te aconsejo que hables con Mario. No creo que le haga gracia que hagas cosas a sus espaldas.

Efectivamente. Cuando le conté a Mario mis últimas aventuras con Eva se disgustó mucho, tanto que estuvimos a punto de separarnos.

Cuando por fin pudimos hablar con más tranquilidad decidimos ponernos unas reglas de obligatorio cumplimiento. La primera era no hacer nada sin que la otra persona lo supiera. Desde entonces no hemos vuelto a tener ninguna crisis de pareja.

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