Con el arma en la mano

Autor: Larry G. Álvarez 

Recuerdo con los ojos cerrados mis tiempos viriles y a través de imágenes eróticas a falta de mujer a mi lado pienso en la masturbación. Pongo mi mano en mi órgano, pero me detengo, la siento fría, me hace falta una mano tibia de una mano femenina y si no hay otra, hasta la de una travestida.

De joven, la masturbación no fue mi forma de desahogarme o de descargar el néctar de mi interior. Ya que fui iniciado de joven por mujeres maduras, quienes se encargaron de mí, me ‘mal acostumbraron’ a no masturbarme por mi cuenta. A qué viene este asunto, bueno les relato.

Un día después de una larga jornada de trabajo, llego a casa un poco cansado y al verme entre las cuatro paredes de mi departamento, me entra un sentimiento de soledad. Siento un vacío profundo, veo mi cama, intento acostarme y me detengo. Me dirijo a la ventana, hay luna llena, al verla me hace sentir un hormigueo en mi intimidad. Me extraño, ya que desde hace tiempo no tengo pareja. Y no tengo visitas de nadie, ni tampoco he salido a buscar, por temor a los contagios. ¿Qué me estará provocando eso? Sé que me hace falta tener sexo con alguien.  Hay personas que dicen que el cansancio y el estrés son razones para evitar el sexo, yo no lo creo igual. Toqué mi órgano flácido de cinco pulgadas. Pienso eróticamente y me lo imagino erecto que bien pudiera medir… bueno la boca de quien le guste será la medida, no hacen falta regla alguna.

Paseaba nervioso por la habitación, sin saber que hacer y por un momento pensé en fumarme un cigarrillo estimulante, ya que, a falta de una boca hambrienta y sedienta, mi órgano flácido, necesita el empuje y la chispa de la estimulación, esto debido a una impotencia de más de varios años.

La desesperación era muy grande, no sabía a qué atribuir ese hormigueo en mis testículos, a los lados de mi entrepierna. Era tal el nerviosismo que empecé a sudar y opté por desvestirme y meterme a la regadera para darme un baño de agua fría.

Abrí la regadera y dejé correr el agua, sentí agradable como caía el líquido sobre mi cuerpo y eso me calmó sobre manera. Salí del baño, encendí el televisor. Antes de recostarse en la cama, prendí el cigarrillo mencionado y abrí una botella de vino Merlot, me serví una copa, al beber sentía la brisa del aire acondicionado, el cigarrillo y el vino me dieron tranquilidad del estado de ansiedad y nerviosismo que había tenido minutos antes.

Captura de pantalla 2018-10-01 a las 11.10.18.pngTomé el control remoto del televisor y al cambiar canales llego a uno de películas eróticas. Al momento de ver la película mis ojos no podían dar crédito, me veía yo en la tele, bueno a alguien parecido a mí. ¿Acaso estaba viendo alucinaciones por el efecto del cigarrillo y el vino? Me tallé los ojos, y me seguía viendo en la pantalla. Pero al ver lo que ‘yo hacía’ me dije, que buen actor soy.

Eso me animó más a ver que lo que el actor [yo] hacía con la mujer en su habitación. El [yo] la acariciaba apasionadamente recorriendo con sus manos ese cuerpo, lleno de tentación. Cerré los ojos para disfrutar la escena en mi mente. Ya sabía lo que seguía. No había necesidad de ver la pantalla. Lo que estaba pasando en la película, era YO en la intimidad. Empecé a sudar de nuevo. Algo instintivo me hizo meter mi mano debajo del calzoncillo, sintiendo, para mi sorpresa como poco a poco mi pene se paraba, se endurecía, incluso mis testículos estaban más hinchados, a punto de estallar. Estaba llegando a tal grado de excitación. La escena de la tele ya la veía difusa. Pero advertía que el hombre [yo] había penetrado por atrás a la mujer y sus movimientos manifestaban el erotismo que imprimían los actores para cumplir con el papel encomendado y que, sin duda, provocaban el éxtasis y el clímax de excitación en quienes estuvieran viendo la película.

Seguí acariciando mi pene. Lo sentí como en los viejos tiempos, un miembro viril del cual se sentía orgulloso ya que rebasaba las 15 pulgadas y era grueso. A mi edad, pegándole a los 65 años, me sentía como un adolescente o mejor como un joven. Una masturbación para mí no tenía sentido, porque esa película excitante, invitaba al coito, a la entrega total con una mujer y esa era mi ilusión, mi ansiedad, mi necesidad desde hace mucho tiempo.

Seguí con mis ojos cerrados, los gemidos de la mujer en la película inundaron mi mente indicándome que yo era el que estaba con esa mujer intenté ver su rostro el cual estaba difuso, pero poco a poco empezó a verse más claro, hasta tenerlo frente a mí. Era una mujer morena. Traía un ‘baby doll’. Cerré mis ojos y en mi mente veo que ella se cuelga de mi cuello. Me besa, toma mis hombros con sus manos, mordisquea el lóbulo de cada una de mis orejas. Baja a mi pecho llegando a mis pezones. Me los lame. Juega con los pocos vellos de mi pecho. Lame cada poro de mi cuerpo. Siento escalofríos. Me imagino ahora lo que una mujer siente cuando estoy con ella, La morenita hizo conmigo, exactamente lo que yo hago con una mujer en la intimidad.

Recorre con sus labios y sus manos todo mi torso, me voltea de espalda. Y recorro con sus dedos, sus labios, sus manos por toda mi columna vertebral. Baja con su lengua hasta mi ano. Me pone en cuatro y me saborea con su lengua todo mi culo y mi verga.

Humedece sus dedos y me penetra con dos de ellos. Mi morenita se pone un arnés para jugar con mi culo, me lo lubrica y lentamente me penetra con el arnés. Una delicia. Mi verga empieza a crecer demostrando algo de dureza debido a la cogida que recibo con el pene postizo; que la mujer sabe utilizar logrando darme estimulación en la zona del perineo. Siento que mi leche hierve, derramo líquido preseminal. No muchos hombres aceptan que una mujer les meta el dedo por atrás, o se utilice algún juguete. Pero en mi caso, fue y es por cierto un deleite.

Al ver que mi verga estaba crecidita y algo dura, retira el arnés y me voltea para lamer mi verga sin succionarla. Sabía que si lo hacía reventaría en ella. Quería que aguantara más. Ella succiona mi pene, muy hábil, no se concentra en chuparlo solamente, sino adorarlo. Se acomoda para besarme y compartir mi sabor en mi paladar apasionadamente y ambos disfrutamos el ósculo, donde nuestras lenguas frenéticas y salvajes se entrelazaban.

Empiezo a jugar con sus pezones, los cuales se ponen duros, prácticamente devoro sus senos. Esas caricias arrancan gemidos de placer. Bajo hasta su ombligo. La hago vibrar y la humedad llena de inmediato su clítoris. Sigo en la exploración de su intimidad hasta meterme entre sus piernas. Respiro hondamente, para disfrutar su aroma, su sudor, su humedad.

Acerco mi boca para lamer despacio sus labios vaginales y con mis dedos, estimulo su punto ‘G’ el botón del placer. Mi lengua entra con habilidad para saborear su intimidad provocando en ella una explosión. Una sacudida estremece su cuerpo. Un potente orgasmo que llena mi cara de sus flujos vaginales. Al reponerse busca mi miembro y lo coge con la mano. La suavidad de esa mano me estremece. Me masturba, recorre mi pene con su lengua, sus labios, mis testículos, toca mi perineo, y mi pene se erecta, mucho más que cuando me cogía con el arnés.

Me acomoda boca arriba y acomodando su vulva se sienta sobre mi pene para cabalgar a toda velocidad, mis testículos golpean sus glúteos. Ella gime hasta que los dos llegamos a un clímax profundo derramando mi leche espumosa. Sus jugos vaginales se confundieron con mi semen.

Ella saca mi verga de su vagina y se mete entre mis piernas y empieza a lamer el semen que está escurriendo y succiona mi pene para sacarle la leche que se había quedado dentro.

Abro mis ojos, para situarme en la realidad. La televisión estaba encendida… Pero en la pantalla se exhibía otra película… Eran las 2 de la madrugada. Mi almohada y las sábanas húmedas, pegajosas de mi aroma, de mi sudor.  Y miro hacia abajo y mis manos están entre mis piernas sujetando mi flácido pene.

Me pregunto, ¿me faltó el cialis o la viagra? ¿Y la morenita? No estaba la morenita. Me encontraba completamente solo.

Lo que si pude percibir de inmediato que tenía una completa tranquilidad, comprendí que lo que sentí y viví en mi mente, es una posible solución para vivir con impotencia.

 ¿Quieres ser mi morenita? Por si acaso, visítame con un arnés.  Escríbeme pronto: viagramanusa@yahoo.com.mx

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