Por primera vez en un club liberal

Después de enterarme de las aventuras que Lorena tuvo a mis espaldas le pedí que estuviera unos meses sin contactar con Eva. Y así lo hizo.

Pasado un tiempo de reflexión y largas conversaciones decidimos volver a jugar. Ya habíamos fantaseado varias veces con ir a un local de intercambios pero nunca nos habíamos animado a dar el paso. Aprovechando un fin de semana de verano, con los niños en la playa, nos animamos a visitar uno de los locales que nuestra amiga Estefanía nos recomendó.

Preparamos una noche completa: cena de tapas por la Cava Baja, obra de teatro en La Latina y por fin conocer qué es eso de los locales swinger.

Tras pasar por caja entramos al pub. A un lado una barra decorada con motivos eróticos y al otro una zona abierta con sofás, mesas y una pequeña zona de baile, todo bajo una luz tenue y música actual.

Nos pedimos una copa y nos pusimos a charlar tranquilamente. Habían varias parejas de diferentes edades, unas en la barra, como nosotros, y otras sentadas. Excepto por la decoración, podríamos decir que estábamos en un pub normal, donde la gente charlaba, escuchaba música y tomaba sus consumiciones.

Lo diferente nos esperaba al otro lado de unas cortinas. Ahí no nos atrevimos a pasar hasta que no nos acompañó una relaciones del local, según Lorena muy atractiva.

– Aquí la gente viene a follar – nos dijo con claridad – si alguien se dirige a vosotros y no queréis nada decís claramente “no” y ya está.

Con curiosidad y nerviosos seguimos a la chica al otro lado de las cortinas. Lo primero que nos enseñó fue el pasillo francés.

– Hoy, como es un día solo para parejas, no se suele usar – nos dijo mientras pasábamos junto a una pared salpicada de agujeros.

Y pasamos a un espacio donde habían varias puertas con sus cortinas. Abrió la primera de ellas con decisión. Me impresionó ver a una mujer de espaldas, de rodillas, desnuda, haciendo una mamada a su amante que estaba totalmente tumbado sobre la colchoneta que cubría casi toda la estancia.

Rápidamente aparté la mirada. Me dio mucho corte mirar a esa pareja mientras la chica del local nos seguía contando cosas, como si nada.

A continuación abrió otra cortina y allí apareció otra pareja. Los dos estaban vestidos, él de pie, apoyado en la pared, y ella en 90 grados chupándosela a su chico. Los dos nos miraron al sentir nuestra presencia y de nuevo aparté rápido la mirada. Me sentía violento pero la pareja siguió a lo suyo.

Así recorrimos las diferentes salas del local, el cuarto oscuro, la zona del jacuzzi y los vestuarios. Yo no volví a atreverme a mirar el interior de ninguno de las habitaciones que íbamos visitando.

Cuando acabó el tour regresamos a nuestro lugar en la barra del pub y hablamos de la impresión que nos había dado esa primera visita. A mi me sorprendió que se pudiera entrar vestido a la zona de las habitaciones y el descaro con el que unas parejas se quedaban mirando a lo que hacían otras.

Nos sentamos en uno de los sillones a seguir charlando, observando a otras parejas y haciendo comentarios sobre ellas: “esa pareja está muy bien”, “esos no pegan ni con cola”, “con esos no me importaría hacer un intercambio”, bla bla bla.

Cuando acabamos la copa decidimos dar una vuelta por el interior del local. Había bastante ambiente, estaban prácticamente todos los espacios ocupados y varias parejas iban y venían por los pasillos mirando o buscando dónde alojarse. Aunque me seguía dando corte mirar, pude ver perfectamente a diferentes parejas follar o teniendo sexo oral. Me llamó la atención los gemidos que emitía una chica mientras cabalgaba sin parar a su amante. Subía y bajaba con ganas mientras otra pareja estaba sentada a su lado, relajados y cogidos de la mano, contemplando el espectáculo en primerísima fila.

Pasamos junto a un pequeño cubículo y al ver que estaba vacío metí a Lorena dentro y yo fui detrás. Era un espacio reducido, donde entraba una pareja de pie y poco más. Me lancé a besar a Lorena pero no estaba muy receptiva.

– Hay gente mirando – me decía intentando separarse de mi.

– Vaya cosa, es sólo un morreo.

Yo, a pesar de estar cortado, quería jugar; pero Lorena estaba muy cohibida. Con un poco de paciencia conseguí que nos diéramos un buen beso, pero fue breve. Mi mujer llevaba puesto un ligero vestido de algodón de color negro, ceñido pero no ajustado, sin nada debajo. Intenté meter mano por encima del vestido pero no hubo manera.

Continuamos el paseo pero enseguida volvimos al pub y nos pedimos una nueva copa.

– Ni de coña voy a hacer algo yo aquí – me soltó Lorena – esto es para gente que le excita que le vean y yo paso.

– ¿Y no te pone ver a la gente follar?

– No.

Continuamos charlando tranquilamente, disfrutando de la copa y de un ambiente agradable. Las parejas entraban y salían, algunas de ellas cubiertas únicamente por toallas.

Después de un tiempo sentados decidimos coger la copa y darnos una vuelta por el interior del local que seguía muy concurrido.

En las salas más grandes se veían varias parejas follando o simplemente tumbadas, me imagino que descansando tras una sesión de sexo. En general eran parejas pero también se veía a algún grupo de cuatro. El jacuzzi siempre lo veíamos ocupado por una o más parejas. Desde luego es un lugar donde las burbujas hacen que puedas follar de forma más discreta.

Captura de pantalla 2018-09-03 a las 15.13.05.pngFue precisamente junto al jacuzzi donde decidimos sentarnos a seguir con nuestra copa. Desde ahí podíamos ver a las parejas que se metían en el agua y uno de los pasillos con varias puertas con sus cortinas, donde la gente se ponía a mirar lo que ocurría en el interior. Se oían gemidos de vez en cuando aunque no sabíamos muy bien de donde venían.

Al rato quedó libre otra mesa también cercana al jacuzzi pero con mucho mejores vistas. Y allí nos sentamos. Desde esa ubicación, situada un poco en alto, se disfrutaba igualmente de los amantes acuáticos y de una amplia y abierta zona de camas. Los curiosos andaban por debajo de nosotros, por lo que pasábamos bastante desapercibidos, sólo podían vernos las parejas que estaban en el jacuzzi.

Se podían ver tres escenas desde nuestra atalaya. La más lejana, a la izquierda, era una pareja un poco extraña. Él era bastante más mayor que ella y se alternaban en el sexo oral. El que recibía estaba de pie, de cara al público, y el que chupaba estaba sentado de espaldas al espacio de paso. Lo hacían aparentemente con poco interés y cuando era la chica la que estaba de pie se sobaba las tetas si se paraba alguien delante de ellos.

En la parte derecha habían dos parejas de jovencitos. Después de hablar un poco las chicas empezaron a besarse. En seguida una de ellas se tumbó junto a su pareja y abrió las piernas para recibir la lengua de la otra chica en su depilado coño. Ahí estuvieron un rato mientras los chicos acariciaban el cuerpo de sus respectivas parejas. Poco después cada chica se acomodó para hacer una mamada a su pareja. Y entonces se produjo el intercambio. Unos se pusieron a follar en la postura del misionero. Ella tenía la cabeza hacia nosotros por lo que podíamos ver todo perfectamente. La otra chica se quedó sentada con su espalda apoyada en la esquina de la pared mientras recibía sexo oral con su amante tumbado boca abajo.

Para nosotros, como espectadores, fue una pena que no le pusieran algo de entusiasmo. La chica que estaba recibiendo la comida de coño parecía que no le estaba gustando lo que le estaban haciendo. Estaba más pendiente de la gente que pasaba y de lo que hacía la otra pareja que de otra cosa. Y los otros algo parecido. La chica ni se inmutaba mientras el chico repetía una y otra vez el mismo movimiento de forma mecánica.

Realmente de quien disfrutamos fue de la pareja que estaba en el centro.

Nosotros estábamos sentados de frente al jacuzzi. Para poder ver bien lo que pasaba ahí abajo, detrás de nosotros, teníamos que girarnos hacia atrás, subiendo una de las rodillas para estar más cómodo. Esa postura me favorecía, y mucho, el poder acariciar el interior de las piernas de Lorena.

Lo que hizo la pareja que teníamos a escasos 4 o 5 metros de nosotros fue impactante.

Ella estaba tumbada boca arriba con las piernas elevadas, juntas y dobladas. Él estaba colocado detrás, semitumbado, penetrándola con fuerza. Cada 3 o 4 embestidas daba otra muy fuerte que hacía gemir/gritar a la chica e incluso la desplazaba un poco. El ímpetu del hombre nos sorprendió mucho.

– Le va a hacer daño – me decía Lorena – ¡qué bestia!

– Pues ella se está riendo, parece que le gusta, jeje.

De verdad era impresionante verlos follar tan salvajemente. Nuestras miradas se centraban en ellos ignorando las otras dos escenas que se daban a los lados. Comencé a acariciar los labios y el clítoris de Lorena bajo el vestido sin ningún impedimento. A pesar de que unos minutos antes me dijo que no le excitaba nada ver a la gente follar, con solo rozarla pude comprobar lo húmeda que estaba.

Cuando el hombre se quedó sin fuerzas sustituyó su miembro por su mano y comenzó a masturbarla al mismo ritmo que llevaba antes. No se veía bien porque las rodillas de la chica nos lo tapaba, pero daba la sensación de que metía la mano entera. Ella no paraba de gemir y de dar pequeños gritos al compás de las embestidas de su amante. La fuerza de las constantes embestidas la fue desplazando hasta quedar su cabeza colgando del colchón. Sus pechos bailaban al ritmo de los golpes que recibía mientras intentaba agarrarse a su amante para no caerse.

Yo pasé a introducir dos dedos dentro de Lorena y a masturbarla mientras disfrutábamos de nuestro espectáculo particular. A veces nos besábamos pero no durante mucho tiempo, no queríamos perdernos nada de lo que estaba pasando.

Después de un buen rato penetrando enérgicamente a la chica, las piernas de ella empezaron a temblar. Lo espasmos se extendieron por todo el cuerpo y dieron fin a la sesión de sexo. Él sacó su mano y, empapada, se la restregó por toda la cara mientras ella sacaba la lengua, entre risas, como queriendo degustar sus propios fluidos.

Un poco después se levantaron, se dieron un pico, se colocaron sus toallas y se marcharon.

He de reconocer que me gustó lo que vi pero más lo que oí cuando la pareja se fue.

– Si quieres te puedo hacer una mamada.

Automáticamente me bajé los pantalones hasta los tobillos y enseguida estaba Lorena haciéndome una de las mejores mamadas que he recibido en mi vida.

Sentía que pasaba gente detrás de nosotros, pero no nos podían ver. Eso me tranquilizaba. Con la cabeza de Lorena no podía ver si los que estaban en el jacuzzi nos miraban o no, pero realmente no me importaba nada.

Lorena dejó de chuparme, se subió el vestido y se sentó sobre mi.

– Tápame el culo con el vestido – me dijo al oído y empezó a frotarse contra mi.

Fue una experiencia increíble. A pesar de seguir vestidos y de que estuviéramos en un lugar poco visible, estábamos follando a la vista de quien nos pudiera ver.

Me recreé en apretar las tetas de Lorena, en besar su boca con ganas y en dejarme follar hasta que no pude más y me corrí dentro de ella.

Recompusimos nuestras vestimentas y salimos a la barra. Además de haber varias parejas en la barra y otras sentadas, unas 3 o 4 bailaban bachata en una pequeña zona de baile que había entre los sillones. Lorena y yo nos fuimos hacia el final de la barra y empezamos a bailar también, satisfechos de lo que acabábamos de sentir.

Nos dejamos llevar por nuestros escasos conocimientos bachateros mientras nos fijamos en dos cosas que nos llamaron la atención. Por un lado una pareja que bailaba a nuestro lado y por otro un trío que se había montado en la barra, al lado nuestro.

Quedaban pocas personas vestidas completamente, entre ellas esta pareja que nos gustó y nosotros. Ella era bajita, delgada; tenía una forma de moverse muy elegante y bailaba con gracia. Él era alto y delgado, también atractivo. Se les veía muy bien juntos, sonrientes y aparentemente con mucha complicidad. Se me pasó por la cabeza pedirles que intercambiáramos parejas… para bailar, pero no me atreví.

Más de frente a Lorena, en la barra del bar, se estaba cociendo un interesante numerito. Un hombre estaba sentado en una de las banquetas del bar con dos chicas, una a cada lado. Ellas bailaban en plan seductor, dándose piquitos entre ellas de vez en cuando y acariciándose el cuerpo en plan provocador. Como estaba de espaldas no pude ver todos los pasos, pero cuando Lorena veía algo interesante me lo decía y me giraba. Lo siguiente que vi fue a una de ellas comiéndole las tetas a la otra mientras ésta se besaba con el hombre. Poco después la escena era: una de las chicas apoyada en la banqueta, de espaldas al hombre que seguía sentado, con la falda levantada y recibiendo lametones en su coño de la otra chica. En fin… y esto a un par de metros de donde estábamos bailando.

Cuando el trío parecía que se estaba calmando la pareja que bailaba a nuestro lado se dirigió hacia el interior del local. Cogí a Lorena de la mano y nos fuimos tras ellos. Al pasar la cortina ya les habíamos perdido de vista. Avanzamos por uno de los pasillos pero no estaban. Dimos unos pasos más y les vimos al fondo de la sala, saliendo hacia otra zona del local, sin pensarlo fuimos de nuevo tras ellos. Entramos al otro pasillo y de nuevo no les vimos. Habían varias parejas follando, otras mirando… pero ni rastro de ellos. De repente, en un momento dado nos los encontramos de frente, casi de golpe, en un pasillo. Cruzamos nuestras miradas entre los cuatro, pero cada pareja siguió su camino. Nos daba mucho morbo poder verles en acción pero nos tuvimos que quedar con las ganas. 

Ya que estábamos por ahí nos dirigimos a nuestra atalaya. Por suerte estaba libre y nos sentamos allí de nuevo.

El jacuzzi, como siempre, ocupado. En todo momento había entre una y tres parejas follando dentro del agua. No creo que ese sea el mejor lugar para practicar sexo pero entiendo que gracias a las burbujas sí que es bastante discreto.

Abajo, donde antes vimos un espectacular polvazo, ahora había una pareja bastante relajada. Al fondo seguía la pareja extraña de antes, pero ahora charlaban acompañados por otra mujer.

Estuvimos hablando un poco mientras las parejas del jacuzzi seguían a lo suyo.

Al rato volvimos a mirar para atrás y vimos que la pareja se estaba animando. Ella estaba agachada chupándosela a su chico que yacía estirado sobre el colchón. Aprovechando la situación volví a meter mano a Lorena, que se dejó hacer.

– ¿Me haces lo mismo que está haciendo ella?

– ¿Otra vez?

Me bajé los pantalones y volvió a lanzarse hacia mi polla para darme una de esas mamadas tan maravillosas.

Pero enseguida la paré. Al otro lado del jacuzzi había una especie de cama bastante recogida, fuera de las miradas de la gente que pasaba por el pasillo, que acababa de quedar libre.

Me subí los pantalones y fuimos para allá. Lorena se metió al fondo y yo comencé a desnudarme. Cuando lo hice me di media vuelta y me puse junto a mi mujer y comenzamos a besarnos. Estaba un poco descolocada al verme desnudo pero se dejó llevar. Me incorporé y le acerqué mi polla a su boca. Ella, casi tumbada, me la chupó unas cuantas veces hasta que me dijo que quería que la follara. Y yo, como soy muy obediente, la subí el vestido, me coloqué sobre ella y se la introduje poco a poco hasta el fondo. Estuvimos follando en esa posición un buen rato sin pensar en que alguien nos pudiera estar mirando. A veces nos besábamos y a veces quedábamos una cabeza junto a la otra. En esta posición podía oír los gemidos contenidos de mi mujer, disfrutando de cada una de mis embestidas. Entonces cambiamos de posición. Lorena se puso a cuatro patas invitándome a darla por detrás. Al incorporarme podía ver las cabezas de la gente pasar por debajo de nosotros, ajenas a lo que estábamos haciendo. Por detrás, sólo los del jacuzzi podían vernos. Me gustó mucho follarme a Lorena en esa postura, sintiendo la presencia de otras personas mientras estaba totalmente desnudo. En esa posición llegué al orgasmo.

Nada más terminar, me vestí y nos fuimos.

Estuvimos cuatro horas ahí dentro. Pasamos de estar súper cortados a atrevernos a follar allí mismo; eso sí, sin llegar a pasar por el vestuario a desnudarnos. Ese será un reto a superar en la próxima ocasión.

Nada más llegar a casa, Lorena me desnudó, me tumbó sobre la cama, me volvió a hacer una mamada y me cabalgó como loca hasta que se corrió. No hay como la tranquilidad del hogar para llegar a un buen orgasmo.

Sin duda fue una noche que nunca olvidaremos.

Autor: Mario.

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