Conocí a Mario en un chat

Autora: AMARANTA

tuspiernasfavoritas@gmail.com

 

Hace unos meses mi marido me dijo, entusiasmado con el descubrimiento: estoy hablando con una chica que me propone que tú hables con su marido. Nos lo podemos pasar bien.

Lo que no sabía mi marido es que en realidad estaba hablando con Mario.

A Mario le parecieron interesantes las historias de mi marido y decidió proponerle a Lorena que chateara también.

Así que empezamos a chatear los cuatro. Yo con Mario y Alex con Lorena.

Por cierto soy Amaranta, si, como  el personaje de Cien años de soledad.

Hemos tenido momentos calentitos en el chat, pero que muy calentitos.

Al principio de conocernos chateamos un día los cuatro. Jugamos al juego de las fotos. Uno envía una foto de la mano y todos tienen que enviar una foto de la mano, otro envía una foto del culo y todos tienen que enviar la foto del culo y así se va subiendo el nivel de las fotos. Es un juego divertido y va bien para romper el hielo. Mario tiene un buen culo, si señor.

Ya con más confianza jugamos a dar instrucciones. Un día Alex le dio estas instrucciones a Lorena para  excitar a Mario:

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Photo by Pixabay on Pexels.com

Necesitarás tres medías. Llévalo a tu habitación y desnúdalo rápido. No dejes que te toque. Puedes ser agresiva si es necesario.

Cuando esté desnudo en la cama ata el extremo de una media a cada una de sus muñecas. Luego ata el otro extremo de ambas a la cabecera de la cama, de manera que sus manos queden inmovilizadas y no pueda tocarte.

Entonces desnúdate tú. De forma sexy, provocativa. Cuando estés desnuda súbete encima de él dándole la espalda, de manera que tu coño quede lo más cerca de su boca, pero que no pueda alcanzarte con ella.

Empieza a chupársela. Cuando la tenga ya bien dura átale la tercera media a la base de la polla con un nudo suave que puedas ir apretando a tu voluntad. Ahora sigue chupando y de vez en cuando aprietas el nudo un poco más.

Ese nudo no afectará a las arterias de la polla por las que fluirá la sangre hacia el glande. Pero si afectará a las venas, más superficiales, y eso hará que a la sangre le cueste más regresar. Esa acumulación de sangre en la polla hará que la erección sea tremenda y su placer sea incomparable. Además, la presión de la media le impedirá correrse.

Sigue chupando y apretando el nudo de vez en cuando. Él se desesperará. Te pedirá que le dejes correrse. Tú no le hagas caso. Sigue a lo tuyo. Quizá te insulte, pero tú no le hagas caso.

Cuando veas que no aguanta más, mete su polla en tu coño. Sigue dándole la espalda y haces esto: mueves tu culo, aprietas el nudo, metes un dedo en su culo y acaricias tu clítoris. Repite esta rutina hasta que veas que te corres: mueves culo, nudo, follas su culo y tocas tu clítoris. 

Asegúrate que se entera bien de tu corrida. Cuando lo hayas hecho, bájate, desata la media y apártate para contemplar la mejor eyaculación que hayas visto en tu vida.

No sé si fue la mejor eyaculación de su vida pero creo que se lo pasaron muy pero que muy bien.

Otro día fue Lorena quien le dio instrucciones a Alex para excitarme a mí. Esa vez ella prefirió darle las instrucciones a través de los auriculares. También necesitaba aceite para masajes.

Me dejé hacer. Primero tumbada boca abajo, Alex empezó a untarme aceite desde el cuello hasta los pies, masajeando cada zona según le iba diciendo Lorena.

Luego boca arriba repitió el masaje. Alex no suele entretenerse tanto en acariciar mi cuerpo antes de penetrarme. Normalmente le dedico yo más tiempo en los juegos previos. Así que disfruté de esa atención.

Mientras nosotros íbamos siguiendo las instrucciones ellos hacían lo mismo en su cama. A veces Alex me dejaba un auricular y podía oír sus gemidos de placer, e imaginarles follando me excitaba bastante. 

Al final me quedé yo con auriculares hablando con Mario quien me dio instrucciones para darle un masaje con aceite a Alex. Acariciando todo su cuerpo desde los pies al cuello. Luego ya actué por mi cuenta y le iba contando a Mario como le agarraba el pene a mi marido y le acariciaba, como él alargaba su mano hasta mi clítoris, que en ese momento ya estaba muy húmedo. Como mi boca besaba y lamía. Como me subía encima para sentirle bien duro dentro de mi.

Es excitante dejar que te oigan jadear de placer mientras tú escuchas como gimen ellos.

Eso si, el suelo de la habitación quedó pringado de aceite de masajes.

Pero no todo es sexo, hablamos de todo. En una de nuestras conversaciones descubrimos que compartimos una afición, escribir.

Aquí estoy, con este grupo de amigos que se conocen desde siempre, espero aportar mi granito de arena.

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